La política de seguridad de Israel afectó este domingo a la cristiandad en su lugar más sagrado. La Policía israelí impidió que se oficiase misa en la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, deteniendo al cardenal católico en Tierra Santa y suspendiendo la tradicional procesión del Domingo de Ramos desde el Monte de los Olivos.
El Patriarcado Latino de Jerusalén denunció que el cardenal Pierbattista Pizzaballa y el reverendo Francesco Ielpo, custodio de Tierra Santa, se dirigían de manera privada al templo, sin procesión ni acto ceremonial, cuando fueron interceptados por agentes policiales y obligados a retirarse. El Patriarcado calificó lo ocurrido como un “grave precedente” que vulnera la libertad de culto y desconoce la relevancia espiritual de Jerusalén para millones de fieles en todo el mundo.
El incidente desencadenó una oleada de condenas internacionales que alcanzó al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y generó un nuevo y agrio enfrentamiento diplomático con Tel Aviv. En un mensaje publicado en su cuenta de la red social X, el presidente declaró que impedir el oficio religioso se había hecho “sin explicación alguna, sin razones ni motivos”. “Desde el Gobierno de España condenamos este ataque injustificado a la libertad religiosa y exigimos a Israel que respete la diversidad de credos y el derecho internacional. Porque sin tolerancia es imposible convivir”, escribió.
La respuesta israelí no tardó en llegar. El ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Saar, respondió con dureza acusando a Sánchez de aprovechar cualquier ocasión para incitar al odio contra su país. A través de un mensaje publicado en español en sus redes sociales, Saar reprochó al mandatario español su silencio ante la caída de fragmentos de misiles iraníes cerca del Santo Sepulcro la semana pasada, contrastándolo con su rápida condena al bloqueo policial del Domingo de Ramos. El jefe de la diplomacia israelí llegó incluso a cuestionar las convicciones religiosas del presidente al señalar que este ni siquiera felicita la Navidad a sus propios ciudadanos, y defendió que el Estado de Israel mantiene un compromiso inquebrantable con la libertad de culto.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, justificó el veto por razones de seguridad. Su oficina emitió un comunicado en el que aseguró que “no hubo mala intención alguna” y anunció que las fuerzas de seguridad israelíes estaban elaborando un plan para que los líderes eclesiásticos pudieran celebrar sus oficios en el lugar sagrado durante los próximos días. El presidente de Israel, Isaac Herzog, trató de mediar llamando al cardenal Pizzaballa para trasladarle su “profundo pesar” tras la negativa de la Policía, explicando que la medida obedeció a “preocupaciones de seguridad por la continua amenaza de ataques con misiles” de Irán, después de que en los últimos días se hubieran producido impactos en la zona de la Ciudad Vieja de Jerusalén.
El cardenal Pizzaballa, sin poder acceder al Santo Sepulcro, reaccionó con serenidad y dolor. Bendijo y rezó por Jerusalén en la Basílica de Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos, acompañado de más de una treintena de personas entre asistentes y monaguillos, en una breve ceremonia limitada a la prensa por las restricciones de la guerra.
“Hoy Jesús llora una vez más por Jerusalén”, dijo el purpurado alzando una reliquia de la Santa Cruz.
La condena internacional fue prácticamente unánime. El presidente francés, Emmanuel Macron, ofreció su pleno apoyo al Patriarca Latino y condenó la decisión de la policía israelí, que, según subrayó, se suma a un preocupante aumento de las violaciones al estatus de los Lugares Santos en Jerusalén. El canciller italiano, Antonio Tajani, consideró “inaceptable” el impedimento, presentó una protesta formal y convocó al embajador de Israel para pedirle aclaraciones, mientras que la primera ministra Giorgia Meloni tachó el episodio de “ofensa no solo para los creyentes”.
La crítica llegó incluso desde Washington. El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, exgobernador de Arkansas y gran simpatizante de la causa israelí, trasladó su consternación ante la decisión de la Policía israelí, indicando que es un “desafortunado exceso que ya está teniendo importantes repercusiones a nivel mundial”.
Este enfrentamiento es el último de una larga lista de choques entre los ejecutivos de Sánchez y Netanyahu, intensificados desde que Israel comenzó la invasión de Gaza. Entre los episodios de confrontación se encuentran la declaración mutua de ministros como personas non grata, la retirada de embajadores y los cruces de acusaciones de genocidio y antisemitismo.



