Visiblemente emocionado, con dificultad para caminar, pero arropado por sus hijas Elena y Cristina y su nieto Froilán, el rey emérito Juan Carlos I recogió este sábado en la Asamblea Nacional francesa el Premio Especial del Jurado del Libro Político por sus memorias ‘Reconciliación’, escritas junto a la autora Laurence Debray.
El acto tuvo lugar en la sede de la Asamblea Nacional francesa, un enclave de gran simbolismo institucional, en el marco de la 35ª edición de la Journée du Livre Politique. Entre las autoridades presentes se encontraban la presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, y los ex primeros ministros Manuel Vals y Elisabeth Borne.
El núcleo del discurso del emérito fue una apasionada defensa de su papel en la historia contemporánea de España. Ante el plenario, afirmó que no eligió al azar el título de sus memorias: que la reconciliación es la palabra que mejor resume el principal logro de su vida pública, haber iniciado y fomentado la reconciliación de España consigo misma, tras una larga dictadura y una guerra civil, conduciéndola a pasar de la manera más pacífica posible, y en muy poco tiempo, a una democracia plena y completa.
El emérito recordó que en 1975 heredó, junto con el trono, todos los poderes que el régimen de Franco había concentrado en la jefatura del Estado y que, desde esa posición, los utilizó para devolverlos a su legítimo propietario: el pueblo español. El monarca subrayó que ese proceso supuso una ruptura radical y recordó que el cambio quedó consagrado en la Constitución española de 1978.
En cuanto a la decisión de escribir sus memorias, Juan Carlos I justificó el ejercicio ante posibles reticencias. Reconoció que no es habitual que un rey escriba sus memorias y que su padre probablemente tenía razón al desaconsejárselo, pero defendió la necesidad de ofrecer una visión en primera persona, dado que a las miles de páginas dedicadas a su figura les faltaban unos cientos más escritas por el propio protagonista.
En su discurso combinó la reivindicación de los hitos de su reinado con el reconocimiento de errores y debilidades, e insistió en que su intención fue compartir tanto los aspectos de los que se siente orgulloso como los que forman parte de su experiencia personal. Sobre su situación actual, afirmó que cuando mira hacia atrás el presente no le abruma, aunque a veces puede entristecerle, y reconoció que nadie es profeta en su tierra y que siempre habrá juicios divergentes, pero que siempre tuvo claro que la democracia, el respeto de los derechos humanos y el progreso de la sociedad española eran los objetivos por los que debía trabajar.
El galardón no estuvo exento de polémica previa. Algunos finalistas expresaron su extrañeza ante el hecho de que una figura tan controvertida en España fuera a recibir un premio en la Asamblea Nacional. Sin embargo, la presidenta de la institución organizadora, Luce Parrot, fue tajante: para ellos lo que importan son los libros, y siempre se invita a los laureados.
El jurado, formado por grandes intelectuales y figuras de la vida política y cultural, presidido por la historiadora Annette Wieviorka, directora emérita de investigación del CNRS, quiso destacar el valor de ‘Reconciliación’ como una obra situada en la intersección de la narrativa, la memoria y la historia política, y tomó su decisión por unanimidad, subrayando que no se trata de una deferencia hacia el Rey, sino del reconocimiento al valor histórico y político de un testimonio considerado único y de enorme relevancia.
El libro, publicado inicialmente en Francia en noviembre de 2025 y un mes más tarde en español, supera ya los 150.000 ejemplares vendidos solo en su edición en castellano. Emocionado, el emérito se dijo particularmente honrado de que Francia, país al que siente muy cercano y donde su familia hunde sus raíces en el tiempo, haya acogido el libro con tanto interés y generosidad.
No es la primera vez que el rey emérito interviene en la Asamblea Nacional francesa. En 1993 pronunció un discurso excepcional, puesto que desde 1919 la cámara baja francesa no había acogido la intervención de ningún jefe de Estado extranjero en una sesión oficial.
Tras la entrega del premio, la presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, tomó la palabra. Posteriormente se celebró un almuerzo al que asistió Juan Carlos junto a los finalistas del resto de galardones. El rey padre manifestó además su interés por permanecer para asistir a un homenaje al ex primer ministro francés Lionel Jospin, recientemente fallecido.



