Millones de personas se unieron este sábado a la tercera convocatoria de “No Kings” en todo Estados Unidos para protestar contra las políticas del presidente Donald Trump, el alto coste de la vida y la guerra contra Irán. Más de tres mil manifestaciones se repartieron por ciudades y pueblos de los cincuenta estados, desde grandes núcleos urbanos hasta comunidades rurales, en lo que los organizadores esperan que se convierta en una de las mayores movilizaciones de la historia del país.
El movimiento acumula músculo con cada convocatoria. En junio de 2025, las primeras protestas reunieron a más de cinco millones de personas; en octubre siguiente, la cifra superó los siete millones en cerca de 2.500 actos repartidos por todo el territorio. Para esta tercera edición, los organizadores manejaban una estimación de más de nueve millones de participantes, lo que supondría el día de protesta más grande en la historia de Estados Unidos.
La ofensiva migratoria en Minneapolis, donde dos ciudadanos estadounidenses murieron en enfrentamientos con agentes federales, se convirtió en el detonante más inmediato y reavivó la indignación en todo el país. La denominada Operación Metro Surge, descrita como la mayor operación de control migratorio en la historia de Estados Unidos, dejó imágenes de agentes federales utilizando balas de pimienta, gas lacrimógeno y gas pimienta contra manifestantes, lo que generó preocupación incluso dentro de la propia administración Trump sobre el impacto público de esas escenas. A eso se suma la guerra contra Irán y el encarecimiento generalizado de la vida.
Aproximadamente dos tercios de las más de tres mil manifestaciones se celebraron fuera de las zonas urbanas, lo que refleja el avance del movimiento hacia los suburbios y las comunidades que históricamente habían permanecido al margen de este tipo de movilizaciones. La concentración en el Capitolio del Estado de Minnesota contó con actuaciones de Joan Báez, y se esperaba la presencia de Bruce Springsteen en varios actos del país.
Ezra Levin, codirector de la organización Indivisible, que actúa como columna vertebral logística del movimiento junto a otros grupos progresistas, sindicatos y organizaciones de derechos civiles, declaró que esperaban que fuera la protesta más grande en la historia de Estados Unidos.
La respuesta del Gobierno se mantuvo en la retórica. El debate sobre si Trump podría desplegar al Ejército contra los manifestantes volvió a estar presente, aunque los analistas recuerdan que en 2020 un grupo informal de asesores convenció al presidente de no hacerlo. La actual configuración del Departamento de Defensa, bajo el liderazgo de Pete Hegseth, ha reducido la presencia de figuras con autonomía estratégica y disposición a contradecir al presidente, lo que deja esa posibilidad menos descartada que en el pasado. Hasta el cierre de este artículo, las marchas transcurrían con normalidad en todo el país.



