El Reino Unido asumió este jueves el liderazgo diplomático en la crisis del estrecho de Ormuz al convocar una cumbre virtual presidida por la ministra de Exteriores, Yvette Cooper, con la participación de representantes de más de 40 naciones. La reunión, anunciada el miércoles por el primer ministro Keir Starmer desde Downing Street, tenía como objetivo trazar un plan conjunto para restablecer la libertad de navegación en este paso estratégico que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico, por donde transita cerca del 20% del transporte marítimo de petróleo a nivel mundial.
El primer ministro británico anunció que se están explorando todas las vías diplomáticas disponibles, reivindicando los contactos en el seno del G7 y con jefes de Estado Mayor de una coalición de países para actuar de forma coordinada en favor de la seguridad marítima. Starmer reconoció abiertamente las dificultades del empeño: “Debo ser sincero con la gente: esto no será fácil”, afirmó, aunque subrayó que la reapertura del estrecho y el fin de los combates no son necesariamente condiciones interdependientes.
Durante la reunión, Cooper condenó la actitud de Irán, al que acusó de secuestrar una ruta marítima internacional y de poner en riesgo la seguridad económica global. Según explicó, en las últimas 24 horas apenas cinco buques lograron atravesar el estrecho, frente a los aproximadamente 150 que lo hacen diariamente en condiciones normales. Además, cifró en más de 25 los ataques registrados contra embarcaciones en la zona y en unos 2.000 los buques actualmente bloqueados.
La coalición reunida tiene su origen en un comunicado conjunto firmado el 19 de marzo por los mismos 35 países, en el que condenaron los ataques de Irán contra buques comerciales en el golfo Pérsico, así como contra infraestructuras civiles, incluidas instalaciones de petróleo y gas. Los países firmantes subrayaron que la libertad de navegación es un principio fundamental del derecho internacional y reclamaron a Teherán que cese sus amenazas, la colocación de minas y los ataques con drones y misiles.
Entre los países participantes figuran Italia, Países Bajos, Japón, Canadá, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Dinamarca, Letonia, Eslovenia, Estonia, Noruega, Suecia, Finlandia, Chequia, Rumanía, Baréin, Lituania, Australia, Portugal, Trinidad y Tobago, Croacia, Bulgaria, Kosovo y Panamá, así como Francia, Alemania, Chile y Emiratos Árabes Unidos, entre otros. La India también estuvo representada en la cita.
El ministerio británico adelantó que los aliados debatirán un plan viable para garantizar la apertura del estrecho cuando las circunstancias lo permitan. Al organizar esta videoconferencia, el Reino Unido quiere demostrar su liderazgo, como ya hizo al ponerse al frente, junto a Francia, de la Coalición de Voluntarios para Ucrania. Tras este primer contacto diplomático, Starmer indicó que el titular de Defensa, John Healey, ha estado en Oriente Medio hablando con aliados, y que el siguiente paso será convocar a planificadores militares para coordinar capacidades y hacer el estrecho accesible y seguro, con horizonte en la etapa posterior a los combates.
Se prevé además una nueva ronda de reuniones con asesores militares la próxima semana para estudiar cómo desminar el estrecho de Ormuz como parte de los esfuerzos por reabrir este paso marítimo.
La cumbre se celebra también bajo la presión del presidente estadounidense Donald Trump, quien instó públicamente a los países dependientes del tránsito por Ormuz a ser ellos quienes garanticen la seguridad de la vía, mencionando directamente al Reino Unido y a Francia. Starmer reafirmó que esta no es la guerra del Reino Unido y que no permitirá que el país sea arrastrado a ella, aunque reconoció que el interés nacional a largo plazo exige una asociación más estrecha con los aliados europeos y la Unión Europea.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, respaldó la iniciativa. Ambos dirigentes coincidieron en la importancia de que los países aliados trabajen en un plan viable que restablezca la libertad de navegación, y también abordaron la próxima cumbre entre la UE y el Reino Unido prevista para el verano.
En el plano bilateral, el presidente francés Emmanuel Macron viajó este miércoles a Tokio, donde se reunió con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi para discutir posibles escenarios para la reapertura de Ormuz. Japón es uno de los países más perjudicados por el bloqueo, ya que importa alrededor del 90% de su crudo desde Oriente Medio.
Frente a esta movilización internacional, España quedó completamente al margen de la cumbre. La ausencia española, que ya estaba rodeada de incertidumbre en las horas previas, se confirmó sin que se aclarara si Madrid declinó la invitación o si no llegó a ser convocada. Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores reiteraron que la posición de España de no hacer nada que contribuya a la guerra actual se mantiene, y que el Gobierno aboga por la desescalada, el diálogo y el respeto al derecho internacional.
Las autoridades iraníes habían mostrado disposición a permitir el tránsito de embarcaciones españolas, en línea con la posición de Madrid de distanciamiento respecto al conflicto, lo que reduce por el momento el impacto directo del bloqueo sobre España y explicaría, en parte, su ausencia en la cumbre.
El Gobierno español también negó el uso de las bases de Rota y Morón a aeronaves militares estadounidenses que participan en la ofensiva contra Irán, y ordenó el cierre de su espacio aéreo a los vuelos de combate implicados en el conflicto.
El estrecho de Ormuz permanece prácticamente paralizado desde el inicio de la guerra que desencadenaron Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero. El bloqueo del paso, por donde transita el 20% del crudo y gas del mundo, ha provocado una crisis energética de alcance global, con miles de buques varados y los mercados de materias primas sometidos a una presión sostenida. La reunión de este jueves supone el primer esfuerzo multilateral organizado para preparar la respuesta al día después del conflicto, aunque la reapertura efectiva del corredor energético sigue dependiendo, en última instancia, de lo que ocurra en el frente de batalla.



