El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, lanzó este martes una iniciativa de última hora para evitar una escalada militar de consecuencias imprevisibles en Oriente Medio: solicitó al presidente estadounidense Donald Trump que extienda su ultimátum a Irán por dos semanas más para permitir la continuación de los esfuerzos diplomáticos en los que actúa de mediador su país.
El mensaje, publicado por Sharif en la plataforma X, llegó en un momento en que apenas quedaban horas para que venciera el plazo fijado por Washington, en el que Trump exigió a Teherán la reapertura del estrecho de Ormuz. “Los esfuerzos diplomáticos para la solución pacífica de la guerra en curso en Oriente Medio avanzan de manera constante, firme y decidida, con el potencial de lograr resultados sustanciales en un futuro próximo”, escribió el líder pakistaní, justificando así su petición de prórroga.
Además de solicitar la extensión del plazo, Sharif pidió a Irán que abra el estrecho de Ormuz durante las dos semanas en cuestión “como gesto de buena voluntad”, e instó a todas las partes combatientes a observar un alto el fuego durante ese mismo período “para permitir que la diplomacia logre una terminación concluyente de la guerra, en interés de la paz y la estabilidad a largo plazo en la región”.
La propuesta fue recibida con cautela en Washington. La Casa Blanca confirmó que el presidente Trump ya fue notificado sobre la iniciativa, y la secretaria de prensa, Karoline Leavitt, señaló que “se ha informado al presidente de la propuesta y habrá una respuesta”. La declaración dejó abierta la incógnita sobre si Estados Unidos concedería más margen a la vía diplomática.
Desde Teherán, la respuesta inicial fue moderadamente alentadora. Un alto funcionario iraní comunicó a la agencia Reuters que Teherán estaba revisando “positivamente” la propuesta pakistaní.
El papel de Islamabad en este conflicto ha cobrado una relevancia singular en las últimas semanas. Representantes pakistaníes confirmaron al diario The Guardian que las conversaciones entre Washington y Teherán seguían en marcha, y señalaron que ese hecho en sí mismo era “algo importante”. “Están aumentando las esperanzas”, declaró uno de los intermediarios.
La iniciativa diplomática llegó en un contexto de máxima tensión. A primera hora del martes, Trump había publicado en su red Truth Social un mensaje que encendió las alarmas internacionales: “Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá”. La Casa Blanca, no obstante, negó que Washington estuviera evaluando el uso de armas nucleares contra Irán.
El escenario sobre el terreno era igualmente sombrío. Medios iraníes reportaron ataques contra la isla de Kharg, un enclave estratégico desde el que se exporta la mayor parte del petróleo del país, confirmados posteriormente por funcionarios estadounidenses. Según uno de ellos, Estados Unidos atacó más de 50 objetivos en la isla. A ello se sumaron ataques del Ejército israelí contra ocho puentes en distintos puntos de Irán, presentados por Tel Aviv como infraestructuras de uso militar, sin que se aportara evidencia de ello.
En paralelo, representantes de más de treinta países se reunieron de forma virtual, convocados por el Reino Unido, para coordinar medidas que garantizaran el acceso futuro al estrecho de Ormuz una vez cesaran las hostilidades. La comunidad internacional observaba con creciente inquietud el desenlace de una crisis que, a pocas horas de su vencimiento, permanecía sin resolver.



