En una entrevista publicada este miércoles por el diario británico The Telegraph, el presidente estadounidense afirmó que está considerando retirar a su país de la OTAN, la alianza de la que Estados Unidos es socio fundador desde 1949 y su mayor contribuyente económico.
Preguntado por si reconsideraría la pertenencia de su país al bloque atlántico, Trump respondió sin rodeos: “Oh, sí, diría que es algo que ya está más allá de la reconsideración. Nunca me convenció la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel, y Putin también lo sabe, por cierto.”
El detonante inmediato es el conflicto en Oriente Medio. Trump ha expresado su frustración por que la OTAN no le haya ayudado a reabrir el estrecho de Ormuz, la vía por donde transita el 20% del petróleo mundial y que permanece bloqueada por Irán. Las capitales europeas respondieron con claridad: esta no es su guerra. Solo participarán en tareas defensivas.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó el mensaje de Trump la víspera. Afirmó que, tras el conflicto, Washington reexaminará su relación con la alianza: “Si la OTAN solo vale para defender a Europa cuando es atacada, pero nos niegan derechos sobre las bases cuando los necesitamos, no es un buen acuerdo.”
La reacción desde Londres fue inmediata. El primer ministro Keir Starmer defendió que la OTAN “nos ha mantenido a salvo durante muchas décadas” y subrayó que actuará en interés nacional del Reino Unido “sea cual sea el ruido”, aunque dejó claro que el conflicto con Irán no es la guerra de Europa.
No es la primera vez que Trump amenaza con abandonar la alianza, pero sí la primera en que lo hace en el contexto de una guerra activa en la que sus aliados se han negado a seguirle. La duda ahora es si el Congreso estadounidense, que en 2024 aprobó una ley para dificultar precisamente esa salida, permitiría que la amenaza se materializase.



