El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, prometió desentrañar los archivos secretos del gobierno sobre objetos voladores no identificados antes de que concluya su mandato, al tiempo que sorprendió al revelar su interpretación personal sobre la naturaleza de esos fenómenos: para él, no se trata de visitantes de otras galaxias, sino de demonios.
Las declaraciones tuvieron lugar durante una entrevista en el pódcast del comentarista conservador Benny Johnson, donde Vance afirmó: “No he podido dedicarle el tiempo suficiente para comprenderlo del todo, pero lo haré, créeme. Estoy obsesionado con esto.”
El vicepresidente, de confesión católica, fue más allá cuando Johnson le preguntó directamente si publicaría todos los archivos sobre ovnis. “Estamos trabajando en ello”, respondió, antes de admitir que la intensidad de otros asuntos de gobierno había relegado temporalmente este propósito: “Me volví muy ocupado preocupándome por la economía y la seguridad nacional. Pero aún me quedan tres años como vicepresidente.”
La afirmación que generó mayor revuelo llegó sin que nadie se la pidiera directamente. Vance declaró que no cree que esos fenómenos sean extraterrestres, sino demonios, encuadrando esa visión en la comprensión cristiana de “seres celestiales que vuelan para hacer cosas extrañas a las personas”. Y añadió: “Todas las grandes religiones del mundo, incluido el cristianismo, la fe en la que yo creo, han entendido que hay cosas extrañas ahí fuera y que hay fenómenos muy difíciles de explicar.”
Para rematar su argumento, Vance recurrió a una frase que evoca la película El sospechoso habitual: “Creo que uno de los grandes trucos del diablo es convencer a la gente de que nunca existió.”
La Oficina de Resolución de Anomalías en Todos los Dominios del Pentágono, conocida como AARO, ha confirmado que trabaja en estrecha coordinación con la Casa Blanca y con el conjunto de agencias federales para consolidar los registros existentes de fenómenos aéreos no identificados y facilitar su divulgación. Sin embargo, el camino desde el archivo clasificado hasta el registro público suele estar oscurecido por capas burocráticas que pueden resultar en una publicación lenta o incompleta.
Vance reconoció que aún no ha podido revisar personalmente los expedientes. Describió varios intentos fallidos de visitar el Área 51 en Nevada y otras instalaciones en Nuevo México, aunque en todos los casos los viajes no llegaron a concretarse por razones de agenda. También mencionó haber escuchado rumores sobre supuestos almacenamientos de objetos no identificados en el famoso hangar 18, en Ohio, aunque admitió no haber investigado el asunto en profundidad.
El vicepresidente prometió utilizar su habilitación de seguridad de máxima categoría para acceder a la información que aún permanece reservada, aunque reconoció que las preocupaciones sobre la economía y la seguridad nacional han retrasado sus planes hasta el momento.
Desde el punto de vista científico, la posición oficial del gobierno sigue siendo cautelosa. En marzo de 2024, el Pentágono publicó un informe en el que concluía que no existían pruebas de que los fenómenos aéreos no identificados correspondieran a tecnología extraterrestre, atribuyendo la mayoría de los avistamientos a globos meteorológicos, aviones espía, satélites y otras actividades convencionales.
La mezcla de teología, política y ufología que desplegó Vance en el pódcast ha avivado el debate en Estados Unidos sobre cuáles son los límites entre la fe, la ciencia y las obligaciones de transparencia del Estado. Lo que queda claro, al menos, es que el número dos de la administración Trump tiene intención de que los próximos tres años no pasen sin que alguien, finalmente, abra esa carpeta.



