Alfredo Le Pera nació en São Paulo el 7 de junio de 1900, hijo de inmigrantes italianos de origen calabrés, y se convirtió en el letrista y guionista con el que Carlos Gardel firmó su etapa más internacional. Su nombre queda unido para siempre al del cantante por una colaboración breve pero decisiva, que terminó de forma trágica el 24 de junio de 1935, cuando ambos murieron en el accidente del aeropuerto de Medellín, en Colombia, junto a los guitarristas que los acompañaban.
Antes de dedicarse a la escritura de canciones, Le Pera había cursado parte de la carrera de Medicina y trabajado como periodista en varios diarios de Buenos Aires, además de ejercer como corresponsal y subtitulador de películas para la Paramount en Francia. En esa faceta llegó a entrevistar a figuras como Alfred Hitchcock, Josephine Baker o Marlene Dietrich. El encuentro definitivo con Gardel se produjo en París en torno a 1931 y 1932, cuando el cantante rodaba y actuaba en Europa y Le Pera trabajaba en la sede francesa de la productora. En un primer momento contaron también con el letrista ítalo-argentino Mario Battistella, pero Le Pera acabó siendo el único autor de los guiones y las letras de las películas de Gardel.
De esa sociedad, que apenas duró tres años, salieron seis largometrajes y veintinueve canciones, muchas de ellas compuestas como bandas sonoras de películas como Melodía de arrabal, Cuesta abajo o El día que me quieras, y que después pasaron a formar parte del repertorio clásico del tango. A la dupla se deben letras como Volver, Mi Buenos Aires querido, Por una cabeza o Silencio, piezas que siguen interpretándose y versionándose casi un siglo después. Según distintos biógrafos, algunas de esas letras estaban inspiradas en episodios de la propia vida sentimental de Le Pera, más que en la de Gardel.
El accidente de Medellín truncó una colaboración que había alcanzado su punto álgido. Le Pera tenía 35 años cuando murió, la misma edad que Gardel, y quedó enterrado en el cementerio de la Chacarita, en Buenos Aires. Su figura ha quedado durante décadas a la sombra del cantante al que puso letra, aunque el propio Gardel reconoció en distintas ocasiones el peso de su trabajo, hasta el punto de que su relación creativa se ha comparado con la de otras grandes parejas de autores de la música popular del siglo XX.


