Dentro de las crónicas históricas siempre se descubren episodios curiosos. Uno de ellos ocurrió en la isla del Hierro en el año 1917 y en el estuvo implicado un submarino alemán.
El suceso aparece recogido por José Padrón Machín, Cronista Oficial de la Isla del Hierro en su libro “Noticias relacionadas con la Historia del Hierro” publicado por el Cabildo herreño en el año 1983.
El hecho se produjo en el mes de septiembre de ese año 1917, cuando de repente un submarino alemán entró en el puerto herreño de La Estaca como “Pedro por su casa” y fondeó en sus aguas ante la mirada atónica de todos los presentes.
El submarino no cumplía con las normas de navegación y no llevaba izada la bandera española junto a la de su nacionalidad en el momento de atracar en La Estaca. Tuvo que pasar una hora hasta que el capitán alemán decidió poner la bandera del estado anfitrión en un mástil.

Tras colocar la enseña se le hizo señas desde el submarino a una pequeña barca de pescadores para que se acercara. Una vez que los herreños llegan al buque alemán varios de sus tripulantes, incluyendo al capitán, subieron al bote pidiendo que se les llevara a tierra.
Cuando los alemanes bajaron a tierra estaba llegando al muelle el alcalde de Valverde, de nombre Juan Ayala, que se había acercado a pedir explicaciones de porqué un barco de guerra entraba en un puerto neutral.
Se sabe que el capitán del submarino lo recibió con toda clase de consideraciones, aunque sin darle ningún tipo de explicaciones. Parece que Juan Ayala y el alemán se cayeron tan bien que el militar invitó al herreño a visitar el submarino.
Cuando los alemanes y el alcalde entraron en el submarino este empiezó a hundirse y a desaparecer en el mar. El supuesto secuestro del alcalde corrió como la pólvora vía telégrafo por la isla y por Tenerife.
A los siete días, otra vez por sorpresa, y cuando todo el mundo daba por desaparecido a Juan Ayala, el submarino de nuevo emergió en el puerto de La Estaca. En su cubierta apareció el alcalde junto al capitán de buque.
A la nave de guerra se acercó un pequeño bote a recoger a Juan Ayala. Antes de subirse en él se vivió una curiosa escena. El alcalde y el alemán se fundieron en un fraternal abrazo que dejó fuera de juego a todos los presentes.
Juan Ayala solo contó que fue muy bien tratado a bordo. Sobre la razón de la estancia del submarino en el Hierro y sobre lo que ocurrió en esos siete días nunca contó nada. La razón de no hablar sobre el asunto fue, según él, que había dado al alemán su palabra de caballero de no contar nada de lo ocurrido.
Lo que pasó en esos siete días se lo llevaron a la tumba tanto los tripulantes del submarino como el alcalde herreño.



