Esa frase que estamos tan acostumbrados a oír cada hora en el comienzo de los partes horarios de los medios de comunicación se instauró en marzo de 1922. El mundo decidió empezar a homogenizar los horarios allá por el año 1884, en una Conferencia que se realizó en Washington. Un horario común era la única posibilidad de que los viajeros en tren, por ejemplo, pudieran organizar sus desplazamientos cuando estos se iniciaban y terminaban en países distintos.
Sin embargo, en el estado español se tardó un poco más en intentar crear un horario común para todos los territorios sujetos a su jurisdicción y esa necesaria homogenización no se hizo hasta el año 1901. En ese momento España pasó a tener la misma hora de Londres, la marcada por el meridiano de Greenwich.
Como es habitual en tantos otros temas al tomar esa decisión se olvidaron de nosotros. No se nos mencionó para nada, como si no existiéramos o como si estuviéramos pegados a la Península Ibérica. Hubo que esperar 21 años, nada más y nada menos, para que alguien se diera cuenta que por nuestra situación no podíamos compartir horario con el resto del estado. “La liebre “la levantó los ingleses. Ellos tenían muchos intereses marítimos y decidieron preguntar cual era el horario que regía en las islas. La respuesta que obtuvieron fue “ni idea”.
Aquí cada isla se organizaba a su manera. En algunos lugares se tenía en cuenta la hora de la Catedral, en otras la que marcaba el meridiano. Entre Tenerife y Gran Canaria, como señala Gregorio de la Fuente del Museo Elder de la Tecnología y la Ciencia, podía haber dos horas de diferencia. Imagínense el problema que suponía para los británicos y sus negocios ese desfase, más cuando ellos se relacionan con la máxima puntualidad.
La solución fue señalar como horario en nuestras islas “una hora menos” que la del resto del Estado, que tenía como uso horario Greenwich. O sea, Madrid tenía la misma hora que Londres y nosotros una menos.

Todo se complicó aún mas a las 11 de la noche del 16 de marzo de 1940. Por Decretó pasó ese momento pasó a ser las 12 de la noche del mismo día. De esa forma empezaba a estar en vigor el actual horario del estado. La razón que dio Franco para ordenar ese cambio fue muy ambigua ya que señaló que se hacía por «conveniencia de que el horario nacional marche de acuerdo con los de otros países europeos». Muchos historiadores interpretaron que con ello se hacía un guiño a Hitler ya que España pasaba a tener el mismo horario que Berlín.
Al mantenerse eso de “una hora menos en Canarias” las islas siguieron con el horario de Londres hasta la actualidad.
En su momento, siendo presidente Rajoy este manifestó que iba a “impulsar el cambio del huso horario” para adecuarlo a las “necesidades” del país. Su idea era volver al horario de Londres y unificar la hora en todo el territorio. Esta propuesta suele surgir de vez en cuando, pero hasta ahora no ha calado.
Lo que todo el mundo reconoce que esa coletilla de “una hora menos en Canarias” es una constante publicidad gratuita para nuestras islas.



