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Cuando el viento cambie

Foto Dr. Ondřej Havelka

Sánchez, el peor presidente de la historia de la democracia española, apoyó a Marruecos en su reivindicación sobre el Sahara: a) sin consultar a su Gobierno; b) sin consultar a su Parlamento; y c) cagado como está por lo que sabe Marruecos de él y de su familia. Naturalmente, también en contra de la directriz de la ONU, pero hoy la ONU parece que pinta poco. Sánchez, en Ceuta, ha actuado, nuevamente con los gayumbos manchados, con cobardía y con su extraña y enfermiza animadversión hacia Estados Unidos e Israel, cuya amistad con España era tradicional y útil. Y la ha destruido. ¿Por qué? Porque desde Rabat le presionan, con el Pegasus en la mano, para que se alinee con Marruecos, que nos está invadiendo. Poco a poco primero y de golpe ahora. En el propio equipo de Sánchez ha cundido el desánimo. La foto de sus diputados aplaudiéndole en el Congreso se va a convertir en un cómic cuando Sánchez caiga, que va a caer, aunque su exacerbado narcisismo le haga creer que es un político inmortal. Con infinita menos categoría que los de verdad, Sánchez es un pequeño César de papel, abrumado por los disparates que ha cometido en su mandato de ocho largos años. Quizá se conviertan en un poco menos, aunque yo no lo creo. A su lado hay un rey pasmado, que recibe malos consejos de una “reina” impropia de este país. La primera “reina” republicana de la historia. Todavía se guardan en los archivos de las teles las imágenes de su rifi-rafe con la reina Sofía, a las puertas de la catedral de Palma, comportándose Letizia Ortiz como una verdulera. Hemos tenido mala suerte con los últimos reyes. Uno resultó bueno hasta que se enamoró de quien se enamoró y se convirtió en un comisionista. Y el actual está pasmado. Alfonso XIII dejó que triunfara la II República, y como consecuencia naciera el lamentable Frente Popular y como la siguiente consecuencia comenzara la guerra civil, por no salir a dar un paseo con su compañía de alabarderos por las calles de Madrid y defender los derechos de la monarquía y de los españoles. Murió en el exilio, sin pena ni gloria. El siguiente rey, el emérito, posiblemente también morirá en el exilio. Sánchez se ha erigido en ejecutor de la monarquía, porque él –en su ignorancia, la misma que le hace copiar su tesis doctoral— cree que una república le va a beneficiar sólo a él, a Narciso. Sánchez es un amoral, un hombre sin partido ni patria, que probablemente acabará en la cárcel, cuando el viento cambie. Que cambiará. Ya sus monaguillos están dentro.

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