jueves, 29 enero, 2026

El Enigma del Paso Dyatlov

En el crudo invierno de 1959, un grupo de diez jóvenes estudiantes del Instituto Politécnico de los Urales emprendió una expedición hacia el pico Otorten, en la remota Siberia. Eran montañistas de grado II, con experiencia suficiente para enfrentar los desafíos de los Montes Urales. Tras la retirada de uno de los miembros por un dolor articular, los nueve restantes se internaron en la inmensidad blanca para no volver jamás. Lo que comenzó como un viaje de camaradería deportiva terminó convirtiéndose en uno de los expedientes más perturbadores de la historia forense y un desafío que, seis décadas después, sigue sin una respuesta que convenza a todo el mundo.

La alarma saltó cuando el grupo no envió el telegrama de llegada previsto. Semanas más tarde, los equipos de rescate localizaron el campamento en la ladera de la «Montaña de los Muertos». La escena era el primer acto de una pesadilla: la tienda de campaña estaba semienterrada y presentaba cortes realizados desde el interior, como si los ocupantes hubieran tenido una necesidad desesperada y súbita de escapar sin siquiera desabrochar la entrada. A pesar del frío extremo de 30 grados bajo cero, los excursionistas habían huido a medio vestir, algunos en ropa interior y otros descalzos, dejando atrás sus botas y sus abrigos.

Siguiendo el rastro de huellas en la nieve, los rescatistas hallaron los primeros cuerpos cerca de un enorme pino. Dos de ellos estaban solo en calzoncillos y tenían las manos quemadas. Conforme avanzó la primavera y el deshielo, aparecieron los cadáveres restantes en una quebrada cercana. El horror se intensificó con los informes de las autopsias: mientras unos habían muerto simplemente de frío, otros presentaban traumatismos internos, con costillas destrozadas y cráneos fracturados por una presión equivalente a la de un accidente de coche a gran velocidad, pero curiosamente sin heridas externas ni hematomas en la piel.

En dos de las víctimas faltaban los globos oculares y la lengua, y los análisis de sus prendas revelaron niveles inexplicables de radiactividad. Las autoridades soviéticas de la época, tras una investigación apresurada, cerraron el caso bajo el críptico veredicto de que una «fuerza desconocida e irresistible» había causado las muertes, prohibiendo el acceso a la zona durante años y alimentando el mito de pruebas de armas secretas, ataques de la tribu local Mansi o incluso encuentros con seres de otro mundo.

En años recientes, la ciencia ha intentado dar una explicación a través de modelos matemáticos y simulaciones de avalanchas. Se sugiere que un desprendimiento de nieve pequeño pero pesado pudo haber golpeado la tienda mientras dormían, hiriendo a algunos y obligando al resto a una evacuación de emergencia hacia el bosque, donde el pánico y la hipotermia terminaron el trabajo. Sin embargo, para muchos, esta respuesta lógica deja demasiadas grietas: no explica la radiación, las luces anaranjadas reportadas en el cielo aquella noche ni la extraña coloración cobriza que los familiares describieron en la piel de los fallecidos durante los funerales. El Paso Dyatlov permanece hoy como un recordatorio de que, en los lugares más solitarios de la Tierra, todavía existen secretos que la razón no alcanza a cubrir por completo.

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