Sánchez va a hablar ¡de inmigración! en la Asamblea de las Naciones Unidas. Su cinismo no tiene límites. No ha sabido, no ha querido o no ha podido contener la bochornosa avalancha invasora de Ceuta y va a dar clases de inmigración a la ONU, cuyo embajador español es un chiquito del Sur de Tenerife, licenciado en Turismo, Héctor Gómez, amigo del sátrapa. ¡Qué dirían Jaime de Piniés y don Manuel Aznar si levantaran la cabeza! Qué dirá Chencho Arias, que la tiene todavía levantada. Sánchez, con una carta personal, obviando a su dócil Gobierno y a las cámaras legislativas, reconoció al rey de Marruecos la soberanía sobre el Sahara, tal es su sumisión (por motivos que se intuyen) al monarca alauita. Monarca que se muere en un hospital de Francia y que apenas pisa ya su país sino para pasear en lancha por aguas españolas. Sánchez, por tanto, desobedeció a la propia ONU, cuyo comité de descolonización propicia un Sahara independiente, o al menos un referéndum del pueblo saharaui que decida su futuro. Para Canarias, un Sahara independiente sería fundamental, por la política de buena vecindad que se generaría, aguas territoriales incluidas. Tener a Marruecos enfrente de las islas es una tragedia. Y tener a Marruecos controlando el Monte Tropic con sus riquezas submarinas presuntas y el tráfico aéreo, tragedia y media. Y Trump y Netanyahu, por las estupideces de Pedro Sánchez y sus torpezas como gobernante, apoyan a Marruecos. ¿Qué sabe Marruecos de Sánchez? Todo, gracias al Mosad. Pero en este país lo bueno es que, al final, todo sale a la luz. Se trata de un país de lengüines, en el que es imposible guardar un secreto. Así que no se preocupen que, más temprano que tarde, se sabrá lo de Pegasus, Sánchez y la familia de Sánchez y de su amante esposa, que se sentará en un banquillo el año que viene y puede ser condenada –o no— a cárcel. A mazmorra pura y dura. Otro viaje de Sánchez al exterior, con séquito numeroso, dejando a Ceuta como unos zorros y con otra amenaza de invasión. El rey, de uniforme, se pasea por España –lo fácil–, pero no da el salto a las ciudades españolas de África. Y el pueblo ceutí abandonado a su suerte, con unas noches terribles de desórdenes, con enfermedades desconocidas en su hospital y con unos desalmados que tapian las ventanas de los vecinos y cuando estos derriban su muro tiran bloques contra sus ventanas, contra niños pequeños, sin que los detengan. ¿Pero esto qué es, una ciudad del Oeste? ¿Qué hace falta para solucionarlo, una réplica de los sheriffs justicieros que pongan orden en el O.K. Corral ceutí?
El OK Corral ceutí

