La transición política de la dictadura a la democracia dejó en las islas tres muertes, todas ocurridas en Tenerife. Antonio González Ramos, asesinado a golpes el 29 de octubre de 1975 en los calabozos franquistas. Bartolomé García Lorenzo, militante del MPIAC, ametrallado por la policía en su misma casa el 24 de septiembre de 1976 en unos incidentes aún no aclarados. Francisco Javier Fernández Quesada, estudiante de la Universidad de La Laguna tiroteado por la Guardia Civil el 11 de diciembre de 1977 en una manifestación.
Estas tres muertes alentaron a los demócratas a salir cada vez más a la calle a reclamar el fin del franquismo y estuvieron a punto de iniciar una espiral de violencia de imprevisibles consecuencias que incluso tuvo relevancia fuera de nuestras fronteras.
Ese miedo “escénico” llegó incluso a preocupar a Kissinger, Secretario de Estado de los EEUU en aquellos momentos, que según la documentación confidencial revelada por Wikileaks recibió cumplida información sobre el deterioro de la situación social en Canarias. Textualmente se le comunicó que:
“Miles de personas doloridas asistieron el día 25 de septiembre de 1976 al funeral que tuvo lugar en Santa Cruz de un joven que había sido ametrallado por la Policía al ser confundido con el sospechoso del secuestro del industrial». (Hace referencia a Bartolomé García Lorenzo). También se le informó de la «violencia engendrada por el fatal asesinato de un estudiante de La Laguna por los disparos de la Policía». (Asesinato de Francisco Javier Fernández Quesada)
La cosa estaba tan tensa que todos los partidos políticos intentaron bajar la tensión social en las islas. En palabras del Embajador Americano en España, los partidos políticos mayoritarios estaban «midiendo cuidadosamente sus palabras para intentar relajar la tensión desatada en las Islas. Todos, excepto Alianza Popular (germen del partido Popular), emitieron comunicados lamentando los hechos».
En esos años de transición y de gran tensión política por las tres muertes relatadas entró en escena Antonio Cubillo que desde Argel intentaba internacionalizar el “hecho colonial canario”. Entre el 13 y el 18 de febrero de 1978 el líder independentista canario consiguió el apoyo para el MPAIAC del Comité de Liberación de la Organización para la Unidad Africana.
Como respuesta el Congreso de los Diputados de España, el 14 de febrero de 1978, aprobó una resolución que calificaba la decisión de la OUA como una «intervención injustificable en los asuntos internos de España».
La ONU se mostró de acuerdo en escuchar las reivindicaciones de Cubillo, que venían avaladas por la OUA. Para evitar que éste pudiera hablar ante las Naciones Unidas el gobierno español ordena su asesinato, recibiendo Antonio Cubillo en Argel varias puñaladas de personas “pagadas por policías españoles”, según reconoce en Sentencia la propia Audiencia Nacional que ordenó que el estado indemnizara a Antonio Cubillo como victima de terrorismo.
La actividad de Cubillo fue aprovechada por los Estados Unidos para presionar a España de cara a que esta acelera su entrada en la OTAN. En marzo de 1978 un exministro de Adolfo Suárez llamado Otero Novas hizo unas declaraciones públicas en la que reconocía que el presidente Suarez recibió un mensaje de los Estados Unidos bastante claro…” Si España no entra en la OTAN nos encargaremos de que perdáis Canarias”
A la vez que las calles se movilizan en demanda de libertad las organizaciones políticas canarias empiezan también a vertebrarse. En Canarias se dio un fenómeno no conocido en otras partes del Estado, la gran atomización del tejido político democrático, que derivará en una gran cantidad de siglas que aspiran a presentarse a las primeras elecciones democráticas.
El 15 de junio de 1977, como el resto del estado, los canarios acudieron a las urnas para elegir a sus representantes en el primer Congreso de los Diputados de la nueva era política. De esas primeras Cortes nacería la Constitución de 1978 que inauguraría la era Democracia en España y en Canarias.
Poco a poco las aguas se fueron calmando y ese periodo convulso fue quedando a tras y hoy forma parte ya de nuestra historia reciente, historia por cierto lamentablemente casi olvidada en la actualidad.

