Uno de los casos con mayor trascendencia de personas que se vieron obligadas a vivir escondidas por miedo a ser represaliadas por sus creencias religiosas o políticas fue el de Ana Frank. Ella estuvo encerrada en un pequeño anexo de un apartamento desde el 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944, junto a 8 personas más.
Esos dos años de encierro fueron narrados por Ana Frank en su diario y, lamentablemente, ella y los suyos fueron descubiertos y deportados a varios campos de concentración. El único que sobrevivió fue su padre. Ana Frank murió en febrero de 1945 de tifus, solo cuatro meses antes de que fuera liberado el lugar donde la tenían prisionera bajo la única acusación de ser judía.
Nuestras islas, lamentablemente, también registraron casos de personas que debieron esconderse para evitar ser capturadas por los fascistas, a pesar de no haber cometido ningún delito.
Tras la victoria del Golpe de Estado del general Franco, se destapó una caza de brujas contra todo aquel sospechoso de no comulgar con el pensamiento del catolicismo-fascismo dominante.
Por eso muchas personas vinculadas a la república decidieron esconderse para evitar ser capturadas y, en muchos casos, fusiladas. A estos se les denominó, años más tarde, “Topos”.
Una de esas vidas ha sido recuperada por José Manuel Rodríguez Acevedo, doctor en Historia por la Universidad de La Laguna. Se trata de la experiencia personal de Isabel González González, una tinerfeña nacida en 1890 y fallecida en 1968. Fue militante del PSOE de su época y centró su trabajo reivindicativo en la lucha por la liberación de la mujer. Para conseguir su objetivo trabajó activamente por la constitución en 1919 de la denominada Liga Femenina Socialista, siendo ella su primera presidenta.
En 1921 sus posturas socialistas evolucionan hacia el marxismo-leninismo y empieza a creer que la lucha obrera debe intensificarse.
Durante la Segunda República se radicalizó y criticó las posturas de sus compañeros en el poder, ya que los consideraba traidores a la clase obrera. Tras su paso por el PSOE, abrazó las tesis comunistas, llegando a ser candidata a las Cortes Generales por el PCE en el año 1933. Incluso realizó varios viajes a la URSS, desde donde envió crónicas periodísticas.
Tras el triunfo de la dictadura en 1936, se vio obligada a permanecer 10 años escondida. No fue hasta el año 1945 cuando pudo salir a la calle, aprovechando la primera amnistía franquista.
La isla de Gran Canaria ostenta el récord de vida en la clandestinidad más larga de todo el estado. Lo protagonizó Pedro Perdomo Pérez, el cual estuvo encerrado entre 1936 y 1968 en el barrio de la Isleta, protegido por sus 11 hermanos. Estamos hablando de 33 años de confinamiento.
Se llegó a ofrecer en el año 1936 dos mil pesetas a quien lo delatara para poder ser fusilado.
La familia acondicionó las casas donde se escondía para que no pudiera ser descubierto en caso de ser registrado el lugar por la Guardia Civil. Una vez que prescribieron sus supuestos delitos, Pedro Perdomo Pérez se reincorporó a la vida civil.
Estos son solo dos ejemplos, hay muchos más, de personas que han sido perseguidas por pensar de forma diferente a quienes ostentan el poder en un momento determinado. Esperemos que ya no haya más “Topos” en la historia de las islas.

