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Maten isleños hasta que se les canse el brazo

Fachada de la Casa Canaria Leonor Pérez Cabrera de La Habana.

Es frecuente leer artículos o ver trabajos documentales en los que se pone en valor la cordialidad que ha existido siempre entre Cuba y Canarias. En esa relación hay una mancha historia que el paso del tiempo no puede ni debe olvidar.

Esa mancha histórica en nuestra relación con Cuba ocurrió en el mes de marzo de 1926, cuando algunos canarios participaron en el secuestro de un colono cubano llamado Enrique Pina Jiménez. Este era un ex oficial del ejército cubano que luchó por la independencia de la isla frente a España. La intención de los secuestradores era pedir un rescate por él en Ciego de Ávila.

Nadie se dio cuenta de lo que había pasado hasta unas 20 horas después del suceso. Una vez que el secuestro fue conocido por la prensa se corrió la voz de que los responsables eran “isleños”.

Uno de los allegados, de Enrique Pina retiró de un banco diez mil pesos, lo que fue interpretado como dinero destinado al pago del rescate. Al par de días Enrique Pina envió una carta a su mayordomo en la que pide que se retiren las tropas que lo están buscando y que el regresaría en breve. Y así ocurrió, Enrique Pina, se presentó en un pueblo cercano el día 12 de marzo de 1926, comentado que tuvo que pagar 50 mil pesos por su liberación.

El 16 de marzo la prensa ya recogía que habían sido detenidos dos isleños, Marcial Orzado Delgado e Isidro Machado y también el súbdito español Saturnino Cobo Casas. Es curioso como se hacía diferencia entre españoles y canarios. Posteriormente se detienen a dos canarios más, Rafael Rosado y Secundino Rosales, a los que se acusó de haber sido los cabecillas del secuestro. Lo normal es que se les juzgara y si había pruebas fueran condenados por ese delito si lo habían cometido.

Gerardo Machado – Presidente de Cuba

Sin embargo, el General Machado, presidente de la República de Cuba, enfocó su odio hacia todos los canarios en general, no solo hacia los culpables. Machado transmitió a sus tropas y a la Guardia Rural una orden que pasó a la historia, “maten isleños hasta que se les canse el brazo”.

La orden fue cumplida a rajatabla y aún no está nada claro cuantos canarios inocentes pagaron con su vida el haber nacido en las islas. Se estima que entre 40 y 100 canarios fueron asesinados por la guardia rural sin ningún tipo de juicio. Empiezan a aparecer canarios ahorcados en diferentes pueblos y el ejercito achaca esas muertes a suicidios.

Los acusados por el secuestro nunca fueron juzgados, algunos también “se suicidaron” (dicho entre comillas) y otros fueron asesinados en prisión.

Uno de los mejores libros que narran el suceso

 

Cayetano Betancourt, presidente de la Asociación “Beneficencia Canaria”, mandó una carta al secretario de la Gobernación de Cuba en la que le decía textualmente: “Ruega usted ordenarse garantías a miles de agricultores canarios de la provincia de Camagüey que realizan verdaderamente obras constructivas y necesarias y sin embargo son asesinados misteriosamente con evidente quebranto de crédito para su país y la recta administración que ha sabido implantar”.

La respuesta que obtuvo fue su expulsión de Cuba, lo que hizo que también muchos canarios regresaran a las islas por miedo.

Un triste suceso que nos debe hacer reflexionar sobre la idea de generalizar acciones negativas en un grupo humano distinto al que pertenecemos.

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