jueves, 5 marzo, 2026

“Si sobrevives, aprendes; si no, desapareces: Amaro Pargo 1707”

La historia de Amaro Rodríguez Felipe, mejor conocido como Amaro Pargo, suele estar teñida por el barniz de la leyenda y el romanticismo pirata. Sin embargo, los legajos del Archivo General de Indias (AGI) y los registros parroquiales de la Arquidiócesis de Caracas nos devuelven una imagen mucho más nítida, humana y cruda de sus inicios, incluso antes de convertirse en capitán de mar y guerra o de ejercer como corsario (etapa con Nuestra Señora de Candelaria, Santo Domingo y San Vicente Ferrer, alias el Bravo, entre 1708 y 1712). Hablamos de meses antes de que adquiriera ese navío en subasta, de un susto que seguro no se le olvidaría en los siguientes años de vida: en 1707 viviría un bautismo de fuego con un barco cuyo nombre completo era Nuestra Señora de los Remedios, Santo Domingo y Santa Águeda, alias el Gavilán. En el verano de 1707, Amaro, aún joven y decidido a desarrollar su carrera en la mar, con apenas 29 años, se hace con el mando del Gavilán, un bajel modesto de unas 60 toneladas. Pese a su tamaño, el barco contaba con cinco cañones por banda, una declaración de intenciones en una época donde el Caribe era un avispero de capturas y violencia de procedencia británica, y en un contexto que coincidía con la Guerra de Sucesión, cuando España era enemiga de Inglaterra y Holanda.

Imagen del Archivo: Registros eclesiásticos (libros parroquiales/autos) de las Parroquias de la Arquidiócesis de Caracas; reproducción digital: FamilySearch (consultas a imágenes, sept.–oct. 1720).

Gracias a la documentación compartida por el investigador Ángel Martín Montalbán, conocemos la lista de quienes acompañaron a Amaro en aquella aventura rumbo a La Habana: entre marineros y oficiales como el piloto Juan de Vega o el cirujano Miguel Ortega, figura un nombre que cobraría relevancia años después, Leandro de Meza, marinero tinerfeño que terminaría dejando, trece años más tarde, una de esas declaraciones “sin épica” que valen más que cualquier poema. La travesía fue breve y accidentada. Cerca de la costa oriental de Cuba, a la altura de Baracoa, el Gavilán y su acompañante, el Santa Rosa, fueron interceptados por un escuadrón inglés procedente de Jamaica. Amaro perdió su barco y sus provisiones, quedando abandonado en la costa; lo que siguió fue una marcha de supervivencia que acabaría empujando a aquellos hombres tierra adentro, hasta Santi Spíritu, donde el grupo logró reorganizarse y sostenerse con trabajos “para comer”. Lejos de amedrentarse, meses después Amaro aparecería negociando en el tablero del Caribe hispano hasta terminar comprando el Bravo en 1708, demostrando una resiliencia práctica que lo haría famoso.

Castellano antiguo (XVIII):

“Y que a ambos nauíos los apresaron em Baracoa dos comboyes de Xamayca, y que hauiéndolos hechado de prisioneros o rouados, anduvieron algunos días dispersos hasta que se volvió el testigo a enconttrar con quien lo presenta en la villa de Santi Spíritu, ysla de La Hauana, donde se han mantenido trauaxando personalmente para comer”.

Actualizado:

Ambos navíos fueron capturados en Baracoa por convoyes de Jamaica; tras quedar dispersos, los supervivientes lograron reencontrarse en Santi Spíritu, en Cuba, donde se mantuvieron vivos trabajando personalmente para poder comer.

Trece años después, en 1720, el rastro de aquella expedición de 1707 reaparece en Caracas de forma inesperada a través de un doble expediente matrimonial. El protagonista es Miguel Días, canario natural de La Orotava, vinculado a aquel viaje (en el Santa Rosa), que en 1720 deseaba casarse con una mujer tan extraña por su edad como por su itinerario vital: la flamenca Bárbara Catarina, de aproximadamente 60 años. Para validar ese matrimonio, la Iglesia recurre a un personaje clave del círculo de confianza de Amaro Pargo: Thomás Cróquer de los Cameros. De origen inglés pero afincado en Caracas, Cróquer había sido hombre útil y de confianza en el entorno de Amaro durante los años de la Compañía de Honduras / Asiento de Montesacro, y el motivo formal por el que lo llaman es muy concreto: habla inglés, el idioma en el que se explica Bárbara Catharina. El tribunal eclesiástico lo nombra intérprete para interrogarla y determinar si es realmente cristiana católica apostólica romana o si hay sombras de herejía que obliguen a un trámite mayor, incluido el bautismo condicional. Bárbara, según lo que declara en autos, confiesa una trayectoria asombrosa: nacida en Bruselas, llevada a Londres de niña y luego a Filadelfia (Nueva Inglaterra). Tras quedar viuda en tierras protestantes, fue saltando por islas del Caribe buscando refugio en tierras católicas, hasta encontrarse con Miguel Días en Santo Tomás, donde se prometen con una condición reveladora: casarse “trayéndola a tierra de católicos”.

A continuación, se presentan fragmentos clave del interrogatorio realizado por Thomás Cróquer a Bárbara Catarina.

Declaración de Thomás Cróquer:

“…dixo que tiene hablado con Bárbara Cattharina… Y preguntádole que de qué tierra era dixo que era de la ziudad de Bruselas, en los estados de Flandes; que era hija lexíttima de christianos cathólicos apostólicos romanos y así mismo lo es ella. Y siendo niña la trajeron a Londres y de allí bino a Nueua Ynglaterra a un lugar llamado Filidelfia donde se casó… Y después pasó a Santiago donde estubo algún tiempo y hauiendo llegado el corzo del capitán Joseph Orellas ajustó casamiento con Miguel Días, a el qual le propuso se casarían traiéndola a tierra de católicos…”

Castellano actual:

Cróquer declaró que habló con Bárbara Catarina, quien afirmó ser natural de Bruselas (Flandes) e hija de padres católicos. Relató que de niña fue llevada a Londres y luego a Filadelfia, en Nueva Inglaterra, donde se casó. Después pasó a Santiago y, al llegar una expedición de corso del capitán Joseph Orellas, acordó casarse con Miguel Días con la condición de que él la llevara a tierras católicas para formalizar el matrimonio.

Es la ironía de la historia: un expediente de cristiandad en Caracas ha terminado por desenterrar el episodio más amargo de la juventud de Amaro Pargo. Gracias al rastro de una mujer flamenca y al testimonio de su mano derecha, Thomas Croquer, hoy vemos al Amaro universal sin el barniz de la leyenda: derrotado, sin bajel y abandonado a su suerte tras el violento encuentro con el acero británico. El Gavilán se perdió en el azul del Caribe, pero su pérdida forjó al hombre que vendría después. Estos papeles certifican el nacimiento de un mito que aprendió a navegar cuando el mundo estaba en llamas.

Marco Polo Alonso
Marco Polo Alonsohttps://amaropargo.es/
Investigador, escritor y empresario.

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