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Ni en las tumbas hay paz. Cementerio de San Luis

Dicen que «Quien roba a un muerto, cien años de tormento» Lo que vengo a contar hoy no admite justificación alguna, ni económica ni social. Actos que traspasan la línea del mero incivismo para convertirse en una muestra de absoluta miseria moral y falta de humanidad. Eso es exactamente lo que viene ocurriendo en el Cementerio de San Luis, en San Cristóbal de La Laguna.

A principios de este año, decidí dedicar tiempo y cariño a elaborar unas flores artesanales de crochet. No eran flores compradas en un supermercado ni un adorno genérico: eran piezas hechas a mano, hilo a hilo, pensadas para honrar la memoria de mis familiares en sus respectivos nichos, tanto en el lado paterno como en el materno. Quien haya dedicado horas a la artesanía sabe el afecto y la memoria que se tejen en cada puntada.

Poco más de un mes después, la primera desilusión: al ir a visitar el nicho de mi familia paterna, las flores habían desaparecido. Alguien se las había llevado, dejando únicamente la esponja verde sobre la que estaban colocadas. La impotencia y el estupor fueron inmediatos. ¿Quién es capaz de robar en la tumba de un desconocido sin importar qué historia o qué dolor hay detrás de ese recuerdo?

Sin embargo, el golpe definitivo llegó meses después, al acudir al nicho de mi familia materna. La misma escena, o peor: las flores tejidas también habían sido sustraídas, esta vez sin dejar absolutamente nada.

Foto actual del nicho de mi familia materna.

Este texto no nace para exigir responsabilidades políticas ni señalar a administraciones. Nace como una reflexión abierta dirigida directamente a quien —o quienes— hayan cometido este acto.

A ti, que decidiste llevarte esas flores hechas a mano: no te has llevado un simple adorno ni unas plantas sin valor. Te has llevado el tiempo, el amor y el homenaje que una familia le rendía a sus difuntos. Robar en un cementerio no es una picaresca ni una travesura; es vulnerar el duelo ajeno y demostrar una frialdad y una falta de respeto preocupantes por la memoria de los que ya no están.

El Cementerio de San Luis no solo alberga restos mortales; custodia la memoria y el sentimiento de todo un pueblo. Que haya personas capaces de profanar el recuerdo de los demás por puro egoísmo debería hacernos reflexionar a todos como sociedad sobre qué clase de valores estamos cultivando. Ojalá estas líneas sirvan para que quien lo hizo sienta, al menos por un segundo, el peso de la vergüenza.

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