La escalada bélica en Oriente Próximo ha alcanzado un punto de no retorno tras el reciente bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel contra el yacimiento de gas de South Pars, el más grande del mundo. En respuesta, el Gobierno de Irán ha emitido un comunicado oficial en el que advierte que cualquier nueva agresión contra sus infraestructuras críticas desatará una fase de represalias sin contención y con consecuencias incontrolables para la seguridad y el suministro energético global.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, fue tajante al señalar que Teherán ha agotado su paciencia estratégica. Según sus declaraciones, el país demostrará cero autocontrol si sus instalaciones vitales vuelven a ser blanco de ataques. Esta advertencia se produce pocas horas después de que misiles y drones impactaran en la Zona Económica Especial de Energía de Pars Sur, en Asaluyeh, una infraestructura compartida con Catar que es fundamental para el mercado internacional de gas natural licuado.
La amenaza de una venganza a gran escala ya ha tenido sus primeros efectos en los mercados financieros. El precio del petróleo Brent se ha disparado por encima de los 119 dólares por barril, mientras que el gas natural en Europa ha registrado subidas cercanas al 10%. Los analistas advierten que una respuesta iraní sin contención podría incluir el cierre total y permanente del estrecho de Ormuz, una arteria por la que transita una quinta parte del crudo mundial.
Por su parte, la Guardia Revolucionaria ha señalado que sus objetivos no se limitarán a activos militares. En un comunicado difundido por la agencia Tasnim, se indica que las infraestructuras energéticas en la región que pertenezcan a empresas estadounidenses, o donde estas tengan participación, son ahora considerados objetivos legítimos. De hecho, durante la jornada de hoy se han reportado impactos en la refinería israelí de Haifa y en instalaciones próximas al complejo de Ras Laffan en Catar.
En el plano interno, el Ministerio de Inteligencia de Irán ha informado de la detención de casi un centenar de personas acusadas de realizar labores de espionaje para Israel y Estados Unidos, vinculándolas con intentos de sabotaje en centros de distribución eléctrica. Mientras tanto, el presidente Masud Pezeshkian ha recalcado que la responsabilidad de una posible catástrofe energética mundial recaerá exclusivamente sobre Washington y Tel Aviv por haber trasladado el conflicto a la infraestructura civil y económica del país.



