El Ministerio de Defensa de Israel ha confirmado esta mañana la muerte de Ali Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, tras una serie de bombardeos nocturnos sobre Teherán. La operación, que se enmarca en la ofensiva iniciada a finales de febrero, representa el golpe más significativo contra la estructura de poder iraní desde la muerte del ayatolá Alí Jameneí al inicio de las hostilidades.
Según el comunicado oficial emitido por el ministro de Defensa, Israel Katz, Lariyani fue eliminado en un ataque preciso dirigido contra infraestructuras estratégicas del régimen. En la misma incursión, las fuerzas israelíes aseguran haber matado a Gholamreza Soleimani, comandante de la fuerza paramilitar Basij, quien lideraba la seguridad interna del país desde hace seis años.
Katz ha señalado que estas acciones forman parte de una estrategia para desmantelar la cúpula directiva del régimen y neutralizar su capacidad de respuesta militar. El ministro ha subrayado que la tasa de rotación en el liderazgo iraní se está acelerando debido a la presión constante de las Fuerzas de Defensa de Israel.
Por su parte, la oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha difundido una imagen del mandatario en el momento de autorizar la operación, reafirmando la intención de continuar persiguiendo a los altos cargos de Teherán.
Mientras Israel celebra el éxito de la misión, en los canales oficiales de Irán impera la cautela. Aunque no ha habido una confirmación oficial del deceso por parte de las autoridades persas, en las cuentas de redes sociales vinculadas a Lariyani ha aparecido un mensaje manuscrito en homenaje a marinos iraníes fallecidos recientemente, lo que algunos analistas interpretan como un intento de sembrar dudas sobre su paradero o estado actual.
El conflicto, que entra hoy en su decimoctavo día, mantiene en vilo a la comunidad internacional. Mientras los bombardeos se intensifican sobre centros de mando y depósitos de misiles en ciudades como Shiraz y Tabriz, la Unión Europea sigue buscando vías diplomáticas para evitar un colapso total de la seguridad en el estrecho de Ormuz y el resto de la región.



