El Estado Mayor ucraniano ha confirmado una operación sin precedentes en aguas del mar Báltico, donde un ataque con drones ha logrado alcanzar al buque patrullero rompehielos Grupa, perteneciente al Proyecto 23550. La embarcación, que se encontraba en los astilleros del puerto ruso de Víborg, en la región de Leningrado, estaba destinada a ser utilizada por el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB).
Según fuentes de Kiev, estos buques de nueva generación poseen un carácter dual, siendo fundamentales tanto para tareas civiles como para operaciones militares y de control fronterizo en condiciones árticas. Aunque las autoridades rusas han afirmado haber interceptado la mayoría de los proyectiles en una oleada masiva de casi 400 drones, el impacto en Víborg pone en entredicho la eficacia de los sistemas de defensa aérea en el flanco norte.
El incidente en los astilleros no ha sido el único revés para la infraestructura rusa en la jornada de hoy. En la terminal portuaria de Ust-Luga, un enclave esencial para las exportaciones de petróleo y carbón, se ha declarado un incendio de grandes dimensiones tras el impacto de otro dispositivo no tripulado. La simultaneidad de estos ataques sugiere una planificación minuciosa destinada a debilitar la red logística marítima del Kremlin lejos de la línea de frente tradicional.
La operación ha generado tensiones colaterales. Países vecinos como Estonia y Letonia han reportado la caída accidental de restos de drones en su territorio, lo que ha activado los protocolos de vigilancia de la OTAN en el Golfo de Finlandia. El Kremlin insiste en calificar estas acciones como actos de piratería, mientras los analistas militares destacan la vulnerabilidad de la flota rusa en un mar que Moscú consideraba, hasta ahora, un entorno bajo su control absoluto.



