En los desiertos de Judea, el hallazgo de los manuscritos del Mar Muerto cambió para siempre nuestra comprensión del judaísmo antiguo y el surgimiento del cristianismo. Sin embargo, durante décadas, fechar estos documentos con precisión ha sido una tarea plagada de incertidumbres. Hoy, la ciencia y la tecnología ofrecen una solución revolucionaria: combinar la datación por radiocarbono con inteligencia artificial (IA) para estimar con mayor exactitud la antigüedad de estos textos milenarios.
La mayoría de los manuscritos antiguos no incluye una fecha explícita. Los expertos recurren a la paleografía —el estudio de la escritura antigua— para estimar su edad, pero este método es subjetivo y dependiente del juicio del especialista. Por otro lado, la datación por radiocarbono, aunque objetiva, no siempre puede precisar con exactitud cuándo se escribió el texto sobre el soporte analizado.
Un equipo internacional liderado por el Qumran Institute de la Universidad de Groningen desarrolló un modelo de aprendizaje automático llamado Enoch, entrenado con 24 fragmentos de manuscritos datados mediante carbono-14. Este sistema analiza con precisión el estilo de escritura —sin tener en cuenta el contenido textual— y lo traduce en vectores de características que permiten estimar la fecha de redacción de manuscritos sin fecha conocida.
Para entrenarlo, se emplearon imágenes multispectrales de manuscritos, procesadas con redes neuronales capaces de separar las trazas de tinta del fondo del pergamino. Luego, Enoch utilizó técnicas como regresión bayesiana para ofrecer predicciones de fechas, incluyendo márgenes de error y distribuciones de probabilidad.
El modelo alcanzó una precisión promedio con un margen de error de tan solo 28 a 31 años. En 135 manuscritos sin fecha, Enoch acertó en el 79% de los casos según evaluaciones posteriores realizadas por paleógrafos expertos.
Más interesante aún: tanto las fechas obtenidas por radiocarbono como las predichas por Enoch tienden a ser más antiguas que las estimaciones tradicionales. Esto sugiere que muchos de estos textos fueron escritos antes de lo que se pensaba, lo que podría cambiar nuestra comprensión sobre el desarrollo de las escrituras hebrea y aramea, así como sobre la evolución del pensamiento religioso en la región.

Aunque Enoch se entrenó con manuscritos del Mar Muerto, sus aplicaciones podrían extenderse a otras colecciones de textos antiguos mal fechados. También representa un avance metodológico crucial: por primera vez, un sistema combina datos físicos (carbono-14) y geométricos (forma de escritura) con transparencia y precisión.
Este proyecto es un ejemplo brillante del potencial de la interdisciplinariedad: cuando la arqueología, la química, la informática y las humanidades se dan la mano, el pasado se revela con mayor claridad. Lejos de sustituir a los expertos, la IA se convierte en su aliada, proporcionando herramientas objetivas que enriquecen el análisis y reducen el margen de error.
Como afirma el estudio, el modelo aún puede perfeccionarse con nuevos datos, y quizá algún día podamos fechar manuscritos con una precisión casi absoluta. Por ahora, Enoch ya ha comenzado a reescribir parte de nuestra historia —y eso, en sí mismo, es un gran comienzo.



