La historia del Zafiro Púrpura de Delhi es en realidad la crónica de una amatista que ha marcado la vida de quienes la poseyeron. Esta gema, custodiada actualmente en el Museo de Historia Natural de Londres, llegó a Gran Bretaña en 1857 tras ser sustraída del Templo de Indra en Kanpur durante la Rebelión de los Cipayos. Fue el coronel W. Ferris quien la llevó consigo, iniciando una cadena de desgracias que incluyeron la pérdida de su fortuna y graves problemas de salud para él y su familia.
El polímata Edward Heron-Allen adquirió la piedra en 1890 y pronto experimentó en primera persona la supuesta maldición. Tras varios intentos fallidos de regalarla, en los que la joya siempre acababa regresando a sus manos debido a la mala suerte de los nuevos receptores, decidió encerrarla en siete cajas de seguridad rodeada de amuletos y depositada en un banco. Heron-Allen dejó instrucciones estrictas de que la caja no debía abrirse hasta treinta y tres años después de su muerte, advirtiendo de que el objeto estaba maldito y teñido de sangre.
En la carta que acompañaba a la donación, Heron-Allen fue taxativo al describir la pieza como algo maldito y manchado por el deshonor de quienes la robaron. El documento detallaba cómo un amigo suyo, un cantante de ópera que recibió la joya como regalo, perdió la voz de forma permanente y nunca pudo volver a actuar. Este tipo de testimonios escritos reforzaron la leyenda de que la amatista buscaba castigar a cualquier poseedor que no fuera el templo original.
A pesar de su nombre popular, los análisis gemológicos confirmaron que se trata de una amatista de gran tamaño, engarzada en un marco de plata que incluye dos escarabajos grabados y símbolos del zodíaco. El diseño sugiere una mezcla de influencias esotéricas que pretendían, sin éxito, neutralizar las energías negativas atribuidas al robo del templo sagrado. La pieza se convirtió en un símbolo de los objetos que arrastran el peso del saqueo colonial y las creencias místicas de finales del siglo XIX.
La hija de Heron-Allen donó finalmente la gema al museo en 1943, cumpliendo solo en parte la voluntad de su padre, quien prefería que la piedra fuera arrojada al mar. Hoy en día, la amatista se expone como una curiosidad histórica que atrae a miles de visitantes, no por su valor mineralógico, sino por la narrativa de suicidios y ruina financiera que la rodea. Aunque la ciencia no admite la existencia de maldiciones, el Zafiro Púrpura de Delhi permanece como un testimonio fascinante de cómo la sugestión y los hechos trágicos pueden elevar una piedra semipreciosa a la categoría de leyenda negra.



