Existen múltiples territorios envueltos en misterios que, desde tiempos remotos, habitan los mitos de diversas civilizaciones. Las apariciones visuales de muchos de estos lugares causaron que las antiguas cartas náuticas los incluyeran, aunque resultara imposible encontrarlos después en sus coordenadas teóricas.
Tales confusiones persistieron incluso a inicios de la centuria pasada, pese a contar con métodos de navegación más sofisticados. Un ejemplo notable es el del navío británico Glewalon, el cual notificó en 1912, tras atracar en Chile, el hallazgo de una tierra desconocida en los 64° Sur y 82° 10′ Oeste. Aquel avistamiento del capitán fue ratificado por toda la tripulación del barco. No obstante, el buque escuela “Baquedano”, enviado por las autoridades chilenas para verificar el suceso, fracasó en su intento al no hallar rastro alguno en la posición indicada ni en sus alrededores.
El mito de la Islas en Canarias
La referencia más emblemática de estas tierras esquivas es la leyenda de San Borondón, un pilar de la tradición de enigmas en Canarias que se integra en su patrimonio cultural y mitológico. Su influencia es tal, que, en el archipiélago canario, existen nombres de barrios, lugares geográficos e incluso a programas radiofónicos sobre misterios isleños como “Crónicas de San Borondón”.
El origen de esta isla legendaria se remonta a la mística travesía del clérigo irlandés San Brendán. Sus peripecias se registraron en el manuscrito “Navigatio Sancti Brandani”, una obra de gran impacto literario durante la Edad Media en Europa. El texto narra las exploraciones del monje por el Atlántico, visitando islas que posteriormente se vincularon con las Canarias, motivo por el cual la escurridiza tierra heredó su nombre.
Es probable que los antiguos aborígenes ya observaran el fenómeno y que, tras la conquista, se fundiera con la saga de Brendán, consolidándose en los siglos XV y XVI la creencia de que esa isla que surgía al Oeste o al Norte era la del santo.
La fascinación llegó a tal punto que Cristóbal Colón registró en su bitácora que varios ciudadanos respetables de las islas de La Gomera y El Hierro juraban ver tierra firme hacia el poniente cada año. El Almirante también recordaba que, en 1484, un hombre en Portugal solicitó al monarca una carabela para buscar dicha tierra, asegurando que la divisaba anualmente de la misma forma.
Varias expediciones partieron tras el rastro del prodigio, siendo la última la de 1721 bajo el mando de Juan de Mur y Aguirre. Incluso un mapa francés de 1755 la ubicaba como un sitio real al Norte y Oeste de El Hierro.
Relatos y geografía
Unos exploradores franceses ofrecieron uno de los primeros testimonios sobre la superficie de San Borondón. Según Marín de Cubas, estos navegantes arribaron a la isla durante un viaje de Madeira a Gran Canaria. Al desembarcar en un puerto, hallaron indicios de fogatas y tres bueyes sujetos a pesebres pétreos, aunque no vieron habitantes. Recolectaron frutas, hierbas y agua para probar su hallazgo en el puerto de Gando. Leonardo Torriani relató también el caso de un navío luso en 1525 que, tras sufrir una avería, atracó en esta tierra sumamente fértil con un río y vegetación exuberante. Esto motivó una expedición fallida en 1526 liderada por Fernando Álvarez y Fernando de Troya.
En 1554, un fugitivo llamado Ceballos aseguró haber visitado la isla repetidamente, describiéndola con selvas densas y aves dóciles que se capturaban manualmente.
Relató haber visto huellas gigantescas y restos de banquetes en playas hermosas. Otros marineros portugueses ratificaron ante la Real Audiencia en 1570 la existencia de pisadas humanas de enorme escala, sugiriendo que sus pobladores eran gigantes. Además, se mencionan corrientes marinas colosales que rodean la isla; según el corsario John Hawkins, solo los navegantes más expertos podían sortearlas para tocar tierra. También el historiador canario Núñez de la Peña describió estas fuertes corrientes que impedían el acceso a la sobrenatural isla.
La descripción más detallada surgió en 1570 durante una investigación de la Real Audiencia. Marcos Pérez, quien viajaba con el piloto Pedro Vello, testificó que una tormenta los desvió hacia un área entre La Palma, La Gomera y El Hierro, avistando una isla desconocida. El temporal dañó su nave, obligándolos a refugiarse en un puerto local. La isla presentaba dos cumbres verdes separadas por un barranco profundo.
Encontraron un riachuelo, plantas de diente de león y una cruz de madera junto a restos de hogueras. Nuevamente, mencionaron huellas humanas del doble de tamaño que las ordinarias. Vieron ganado abundante, como bueyes mansos sin marcas, cabras similares a las canarias y ovejas que huyeron de los hombres. También observaron aves como gallinas, garzas y gaviotas.
La «Non Trubada»
Debido a la imposibilidad de fijar su ubicación, se la bautizó como “Nom Truvada”, la no encontrada, consolidando su estatus de tierra mística en Canarias. San Borondón ha seguido manifestándose hasta tiempos modernos.
Existen documentos, fotos e incluso un video de 1958 publicado en el diario ABC, aunque de baja calidad. La creencia popular sostiene que la isla se vuelve visible brevemente al amanecer entre los días 21 y 24 de junio. Una afamada curandera del sur de Tenerife, seña María “Paloma”, nos afirmó haberla visto ¡dos veces en tales fechas! Y en el 2009, otra sanadora en La Gomera, doña Lola, se refirió a ella como la «Isla de la Manteca«, un nombre tradicional que según nos conto era como nombraban sus mayores a la isla que “se aparecía y se desaparecía por los días de San Juan”.
San Borondón es, en esencia, un símbolo mágico de la cultura canaria que persiste en el imaginario colectivo y que continúa alimentando la fantasía, con sus huidizas apariciones, a las nuevas generaciones.




Excelente explicación
Hoy en día con los satélites de difícil no verla. Creo que pudo haber sido una ballena o algún animal grande que era visto por casualidad. Los demás relatos deben ser eso … Relatos de marineros