La historia a menudo es escrita por los vencedores, pero la labor de la investigación documental nos permite desenterrar las narrativas silenciadas. En el norte de Tenerife, la toponimia de un municipio, La Victoria de Acentejo, ha perpetuado durante siglos el mito de una segunda y gloriosa victoria castellana que habría compensado la humillante derrota inicial de 1494. Sin embargo, un análisis riguroso sugiere que esta «victoria» es, en realidad, una invención histórica.
El registro histórico detalla con claridad el desastre que el ejército de Alonso Fernández de Lugo sufrió en mayo de 1494 en Acentejo, un evento tan catastrófico que el lugar pasó a ser conocido como La Matanza de Acentejo.
La creación posterior de lo que hoy conocemos como La Victoria de Acentejo por parte de los conquistadores castellanos, apunta a un esfuerzo consciente por «limpiar la afrenta» que supuso aquella derrota. La justificación fue la supuesta existencia de otro lugar o zona cercana al barranco donde se produjo la masacre, en el que las tropas españolas habrían logrado una gran victoria sobre los guanches.
La invención del fraile y el relato novelesco
El investigador icodense Eduardo Espinosa de los Monteros y Moas, tras años de análisis de textos de la conquista y datas notariales, concluyó que esta batalla triunfal nunca tuvo lugar.
La pieza clave en la fabricación de este mito es el fraile dominico fray Alonso de Espinosa. En su obra de 1594, Historia de nuestra señora la virgen de Candelaria, el fraile relata que, tras la Batalla de Aguere, Alonso de Lugo marchó a La Orotava. Según Espinosa, los guanches se acobardaron y presentaron batalla en un campo abierto de Acentejo, cerca del sitio de la derrota, donde fueron vencidos, lo que llevó a su rendición. Espinosa de los Monteros califica esta narración como una historia fabricada por el religioso y una invención.
El historiador Rumeu de Armas y otros dan por sentado el relato novelesco del fraile dominico, llegando el profesor Rumeu a decir que con la batalla de Acentejo se terminó la conquista militar de la isla, pero un análisis pragmático de los documentos indica que, en realidad, no hubo ninguna acción bélica significativa entre los territorios que distan entre Aguere y Taoro.
Contrario al relato de una victoria que terminó con la resistencia, la documentación demuestra que la sumisión de la isla no se ganó con esta supuesta nueva batalla en La Victoria. De hecho, la resistencia guanche continuó de forma fuerte en los menceyatos del sur (Adeje, Abona) y en la comarca del hoy Icod de los Vinos.
El investigador icodense se remite a estudios sobre la resistencia indígena de la isla de Tenerife, como el de Buenaventura Bonnet Reverón, que revelan que Alonso Fernández de Lugo tuvo que contratar los servicios de un mercenario borgoñón flamenco, Jorge Grimón, y sus nueve espingarderos alemanes para doblegar la resistencia en el sur.
El mismo Jorge Grimón atestiguó, con motivo de un pleito de hidalguía, haber hecho guerra en el menceyato de Icod desde que los castellanos tomaron la ofensiva contra los guanches invictos.
El análisis documental apunta que el último bastión de la resistencia guanche se ubicó en el menceyato de Daute. Los guanches se fortificaron en la cuesta de Icod para defenderse, obligando a los españoles a montar un real (campamento militar) en ese menceyato, de forma similar al del Realejo, para conquistar Daute.
Este punto queda confirmado por una data firmada por el propio gobernador de Tenerife, que señala la Fuente del Cuervo en Daute, como «la fuente donde se puso el real postrero». Este real se asentó dentro de una heredad que pasó a denominarse La Fuente desde el siglo XVI.
La investigación, junto a él desempolvo de las datas notariales y documentos apunta a que la conquista militar no se cerró con una legendaria «Victoria de Acentejo,» sino con una resistencia prolongada que culminó en Daute.
Este enfoque documental por parte del investigador Eduardo Espinosa tiene el potencial de liquidar el mito y reescribir una parte fundamental de la historia de la conquista de Tenerife, para acercarnos a una realidad histórica que, como en este caso, intenta crear un contexto ajustado a los conquistadores europeos.



