sábado, 29 noviembre, 2025

Las momias guanches de Araya

A través de la historia el ser humano ha querido atrapar una porción de la memoria de los que nos antecedieron poseyendo objetos del pasado. El trafico y comercio de antigüedades era práctica habitual en los siglos XVIII Y XIX, donde a la parte codiciosa por tener una muestra encapsulada del pasado se le unía la del valor del objeto en sí. Las Islas Canarias en estos siglos no fue ajena a esta vorágine por obtener elementos del pasado.

Ya en el siglo XVIII se propicio en las islas una intensa búsqueda de necrópolis de los antiguos guanches para satisfacer la demanda que entre las clases más pudientes de las cortes europeas se hacía para obtener el conocido como “polvo de momia” que se obtenía de la trituración de los cuerpos momificados y que según la creencia de la época devolvía, a quien lo tomaba, el vigor de la juventud.

Más tarde, en el siglo XIX la búsqueda se amplía a cualquier objeto relacionado con los antiguos canarios. La frecuente visita de extranjeros en las islas para realizar estudios sobre los antiguos, la condición colonial de Canarias, la falta de un organismo que se encargara de gestionar estos hallazgos en las islas y de acaudalados señores en busca de piezas exóticas que coleccionar, facilito el florecimiento de un comercio más o menos estructurado, que propicio el saqueo de diversos objetos arqueológicos canarios con destino a los museos de Europa.

Para entender la dimensión que estas actividades enmascaradas como misiones científicas llegaron a tener, diremos que algunos campesinos y pescadores de las islas, lo tenía como actividad secundaria para aportar un sobre sueldo en sus familias y que actuaban bajo las ordenes de personajes de origen ingles, principalmente, que se dedicaban a la venta de antigüedades.

Las momias de Araya de Candelaria y el Archiduque Maximiliano I de México.

Uno de los hallazgos más importantes de cuerpos momificados realizados en Tenerife, fue el realizado en el municipio de Candelaria, concretamente en el término de Araya. Conocemos este proceso por el informe que realizo Aureliano Fernández-Guerra y Orbe gobernador civil de la provincia de Canarias y presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de las Islas Canarias, en 1864. En dicho informe se desprende los entresijos e intereses que estas momias tenían más allá de un descubrimiento fortuito.

En mayo de 1862 se informa al alcalde de Candelaria sobre el descubrimiento de cuatro momias guanches, en el término de Araya en unas cuevas del barranco propiedad de Silvestre de Torres. Este da parte al Gobernador Civil y se trasladan los cuerpos a Santa Cruz de Tenerife a la espera de entregarlas a la Real Academia de la Historia de Madrid.

Hasta aquí todo sería normal, sino fuera por que aparecen en escena una serie de personajes que ponen en duda que el hallazgo de las momias fuera fortuito.

En el mismo mes de mayo, se presentan ante el Gobernador, Silvestre de Torres, Martín Díaz, Salvador Hernández y Agustín Otazu. El primero como dueño de los terrenos donde se hizo el hallazgo y los otros tres como descubridores de las momias pidiendo se le entregasen en cumplimiento de la ley de 9 de Mayo de 1835 la cual venía a decir que correspondía al estado el tesoro y a los descubridores una cuarta parte, aunque no se consideró la reclamación de los descubridores puesto que no estaba compuesto de alhajas, dinero u otros objetos de valor susceptibles de ser comerciados y que por ser momias podía considerarse profanaciones.

Es aquí cuando en septiembre del mismo año aparece Diego Benítez de Lugo y Benítez de Lugo, VIII marqués de Celada, reclamando una de las cuatro momias en concreto la perteneciente a una mujer adulta y mejor conservada.

Lo que relata a continuación sobre el hecho del supuesto descubrimiento de dichas momias no tiene desperdicio, por cuanto se descubre que no fue un hecho fortuito el hallazgo de los cuerpos.

Diego Benítez, vecino de la Villa de La Orotava manifestó al Gobernador que era aficionado y recolector de objetos curiosos de los antiguos moradores de las Islas Canarias, que al efecto tenía comisionados en las principales comarcas para que le buscaran y condujeran alguna momia poniéndose de acuerdo para la extracción con el dueño del terreno en que se encontrara.

Añade que para complacer al Archiduque D. Fernando Maximiliano I de México que visitó la Isla de Tenerife en 1859 que le había encargado una de estas momias para su colección y que, sabiendo por su encargado, Salvador González de unas momias en Araya de Candelaria, reclamaba su parte. Esto nos deja claro que esta práctica lejos de considerarse un hallazgo fue una práctica premeditada y de un intenso negocio que tenía una estructura estable que propiciaba la búsqueda de estos objetos arqueológicos, para personajes tan notables como el emperador de México.

El “encargo” al que alude Diego Benítez de Lugo, no fue tal, sino que fue un ofrecimiento que este le realizo al emperador Maximiliano I según se desprende de la carta enviada por el emperador al marqués de Celada, fechada el 3 de octubre de 1860 y donde también agradece el cráneo guanche que le obsequió y pone de manifiesto el expolio que las élites del archipiélago sometieron a los restos arqueológicos de los antiguos canarios:

 

Triestre a 3 de octubre de 1860

Señor Don Diego Benítez de Lugo a Tenerife

Muy señor mío,

Tengo mucho placer en contestar a V. el recibo de su carta de fecha 9 de mayo a.c., prueba más graciosa y más satisfactoria que V. no hubiera ya olvidado al viajero que visitaba aún muy de paso la lindísima Villa de Orotava en el mes de diciembre del año pasado, y el cual, por lo que toca á su persona, se recuerda aun con mucho gusto la gratitud la acogida sincera y afectuosa que V. había preparado en su deliciosa casa de campo.

Quédeme también, muy sorprendido y honrado del precioso regalo de un cráneo de Guanche, descubierto en una cueva en la cumbre de las Cañadas, de la isla de Tenerife, y remitídome por conducto de nuestra Embajada a Madrid. Este recuerdo muy raro y curioso de un pueblo de pastores salvajes pero valiente, cuyo origen está envuelto en tantos misterios y dudas, este recuerdo digo, regalo muy estimado ha sido puesto con otros objetos curiosos, traídos del mismo viaje, en mi museo etnográfico adornándolo todavía y marcado todavía con el nombre del generoso donador. ¿Quizá si este hueso insignificante en apariencia ahora, no fuera el cráneo de un Achimeney o de un Faycán, ocupando en el tiempo antiguo un destino poderoso? La historia de Canarias, cuya publicación, según V. me dice en su carta, será probablemente hacía en año entrante nos dará sin duda algunos nuevos informes y explicaciones sobre aquel pueblo extinto.

Acepto con mucho agradecimiento la oferta de V. de regalarme también con una momia más o menos entera en caso que se encontrase una en adelante en las cavernas descubiertas algunas veces por casualidad por montañeses y pastores.

Su bondad y atención sin límites quiso además alegrarme con algunas semillas de árboles que ofrecen mayor interés por la naturaleza canaria como también con algunas cristalizaciones que suelen encontrarse en Teide a donde V. tiene la intención de subir tan luego que la desaparición de las nieves se lo permita.

Debo a V. muchos reconocimientos por todas estas atenciones y finuras, asegurando a V. en el mismo tiempo que será para mí el más grande regocijo, lo de haber estas semillas sembradas en el jardín de mi sitio a Miramar y de verlas germinar y crecer como tantos recuerdos florecientes de mi visita a esa isla benigna de Tenerife como tantas pruebas olorosas de las cortesías graciosas de uno de sus más nobles y distinguidos habitantes.

Y en cuanto a la manera en que usted me ha recibido á la Villa de Orotava, es el trato y las buenas prendas las que marcan y distinguen al verdadero y más perfecto caballero; acogiendo al viajero curioso, enteramente desconocido de V., con toda la sensibilidad y cortesía a un caballero de sangre, sacrificando con el más grande agasajo muchas horas, enseñándole todo lo que posee Orotava de cosas notables, especialmente a los restos humanos de esta raza maravillosa, que en los tiempos pasados gobernó sobre esas islas.

La acogida amable que V. en Su sitio, tanto más honorífica é inolvidable para mí, como que un obsequio manifestado a mi persona, y no a mi posición en la sociedad, será para siempre uno de los más bellos y agradables recuerdos a Tenerife. También pienso dedicar á mi huésped en la villa de la Orotava un pasaje especial en la descripción de mi viaje cuya cortesía y generosidad nunca desaparecerán de mi memoria agradecida.

Con estos sentimientos de aprecio y gratitud tengo en honor de firmarme.

Señor,

Su muy afectísimo.

Fernando Maximiliano Archiduque de Austria.

 

El destino aún desconocido de algunas momias de Araya

De las grades y a la vez desconocidas protagonistas de esta historia de saqueos al patrimonio canario sabemos que una de ellas, un adulto masculino que carece de cabeza y brazos fue entregada al Gabinete de Historia Natural del Instituto de Canarias, donde actualmente se conserva; otro adulto masculino, que conservaba los brazos y piernas completos, fue cedida en depósito al Museo de Sebastián Casilda Yánez de Tacoronte y debe tratarse de una de las dos momias que no aparecen registradas en su inventario, descrito por Juan Bethencourt en 1884 y que aparecen en el segundo tomo de “Historia del pueblo guanche” fotografiadas por Diego Lebrun.

Desgraciadamente de las dos restantes, un adulto masculino, al que le faltaba el antebrazo izquierdo y el de la mujer adulta, la mejor conservada, no tenemos noticias, aunque es más que probable que le fuera entregada a Diego Benítez de Lugo y este a su vez cumpliera con el encargo del Archiduque Imperial Fernando Maximiliano I de México.

A día de hoy, todavía varias momias y objetos arqueológicos están en varios museos europeos como el Museo Británico de Londres (Reino Unido) o el Museo del Louvre de París (Francia), entre otros.

En una de las salas del Museo Nacional de Antropología de Madrid se expone una momia guanche en perfecto estado de conservación que ha sido reclamada varias veces para su restitución como parte de nuestro patrimonio arqueológico, siendo denegada su devolución sistemáticamente por parte de las autoridades gubernamentales de Madrid.

Un episodio del que deberíamos reflexionar y tomar conciencia en preservar la memoria material de nuestros antiguos canarios.

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