Desde el 22 de diciembre de 1812, la Lotería de Navidad forma parte inseparable de la historia y de la memoria colectiva de España. Más de dos siglos después, aquel sorteo nacido en tiempos convulsos sigue repartiendo ilusión, esperanza y tradición, convirtiéndose cada año en un ritual que trasciende lo puramente económico.
El origen de la Lotería de Navidad se remonta a la Guerra de la Independencia. España estaba sumida en un conflicto devastador y las Cortes de Cádiz buscaban fórmulas para recaudar fondos sin aumentar la presión fiscal sobre una población ya exhausta. Fue entonces cuando Ciriaco González Carvajal, ministro del Consejo y Cámara de Indias, propuso un sistema de lotería inspirado en modelos europeos, especialmente en el utilizado en México. Así nació la llamada “Lotería Moderna”, cuyo primer sorteo se celebró en Cádiz en 1812, cuando la ciudad era uno de los pocos bastiones libres de la ocupación napoleónica.
Aquel primer sorteo no se llamó aún “de Navidad”, ni estaba plenamente asociado a las fiestas, pero con el paso del tiempo fue consolidándose como una cita anual ligada al final del año. El nombre de Lotería de Navidad no apareció oficialmente hasta finales del siglo XIX y la fecha del 22 de diciembre se fijó de manera estable con los años, hasta convertirse en una seña de identidad inamovible.
Desde entonces, el sorteo ha sobrevivido a monarquías, repúblicas, guerras civiles, dictaduras y democracias. Ha cambiado el formato de los billetes, la cuantía de los premios y el escenario del sorteo —del Teatro Real al Palacio de Congresos, pasando por el emblemático Salón de Sorteos—, pero ha mantenido intacta su esencia: repartir la suerte premiando a pueblos enteros, barrios y familias que comparten décimos como quien comparte un deseo.
El canto de los niños de San Ildefonso, incorporado al sorteo en el siglo XIX, terminó de dotar al evento de un carácter casi ceremonial. Sus voces, entonando números y premios, son hoy una banda sonora inseparable del inicio de la Navidad en España.
Más que una lotería, la Lotería de Navidad es un reflejo social. Cada décimo cuenta una historia: la del bar que vende el número “de siempre”, la del pueblo agraciado que se convierte en noticia, la de quienes juegan “por si acaso” y la de quienes, año tras año, mantienen viva la tradición. Desde 1812, la suerte no solo se compra: se comparte, se espera y, durante unas horas cada 22 de diciembre, se sueña en voz alta.



