Tal día como hoy, 8 de febrero, se cumplen tres años del fallecimiento de Manolo Vieira, uno de los humoristas más queridos y representativos de Canarias. Un hombre que hizo del escenario su casa, del público su familia y del humor una forma honesta de contar la vida.
Hablar de Manolo Vieira no es solo hablar de chistes; es hablar de identidad, de costumbres, de esa manera tan nuestra de reírnos incluso de lo que duele.
Nacido en Arucas (Gran Canaria) en 1954, Manolo Vieira comenzó su trayectoria artística en los años 80, cuando el humor en Canarias encontraba nuevos caminos lejos del chiste fácil. Él apostó por algo distinto: el monólogo costumbrista, cargado de ironía, observación y una cercanía que hacía sentir al espectador que aquello no era un espectáculo, sino una conversación entre amigos.
Sus historias hablaban de vecinos, de bares, de guaguas, de la familia, del día a día… siempre con ese acento canario sin complejos, convertido en seña de identidad y motivo de orgullo.
Durante más de tres décadas, Manolo Vieira llenó teatros y auditorios dentro y fuera del Archipiélago. Su presencia escénica era sencilla, casi austera, pero bastaban unas pocas palabras para desatar carcajadas. No necesitaba artificios: su voz, sus pausas y su manera de mirar al público lo decían todo.
Fue pionero en dignificar el humor hecho desde Canarias, demostrando que nuestras historias también tenían un lugar destacado en los grandes escenarios.
El 8 de febrero de 2023, Manolo Vieira fallecía a los 68 años, dejando un profundo vacío en la cultura canaria. La noticia conmocionó a generaciones enteras que habían crecido escuchándolo, riendo con él y reconociéndose en sus relatos.
Las muestras de cariño fueron inmediatas: compañeros, instituciones y, sobre todo, el público, que lo sintió como a alguien cercano, casi de la familia.
Hoy, tres años después, Manolo Vieira sigue presente. En los vídeos que se comparten una y otra vez, en las frases que aún se repiten, en ese recuerdo colectivo que provoca una sonrisa inevitable.
Hay artistas que se van, y otros que se quedan para siempre.
Manolo Vieira pertenece, sin duda, a los segundos.



