El 22 de noviembre de 2022, el mundo amaneció un poco más silencioso. Ese día falleció en Madrid Pablo Milanés, uno de los cantautores más influyentes de la música hispanoamericana y una de las voces fundamentales de la Nueva Trova Cubana. Tenía 79 años y una trayectoria que, más que una carrera, fue un legado cultural que sigue vivo en la memoria de varias generaciones.
Nacido en Bayamo en 1943, Pablo Milanés creció rodeado de boleros, sones y el pulso íntimo de la música tradicional cubana. Aquellos sonidos moldearon su manera de entender la canción: profunda, honesta, directa. Con el paso del tiempo se convertiría en uno de los pilares de la Nueva Trova, corriente musical que unió sensibilidad poética, compromiso social y experimentación artística.
Sus composiciones llegaron lejos y profundo. Canciones como “Yolanda”, convertida en himno universal del amor; “El breve espacio en que no estás”; o “Para vivir” definieron una forma de cantar la emoción que trascendió fronteras ideológicas y geográficas. En su voz —cálida, nítida, inconfundible— convivían la ternura, la melancolía y una mirada lúcida sobre su tiempo.
Aunque Milanés fue una figura cercana al proceso cultural cubano, nunca dejó de expresar sus críticas cuando sintió que era preciso hacerlo. Esa honestidad, a veces a contracorriente, reforzó el respeto que inspiraba: su coherencia artística estuvo siempre acompañada de una coherencia humana.
Su relación con España fue especialmente significativa. En sus últimos años fijó su residencia en Madrid, donde continuó creando, grabando, cantando y colaborando con nuevas generaciones de músicos.
El anuncio de su muerte desató una ola de homenajes espontáneos en Cuba, España y toda América Latina. Admiradores, artistas y amigos compartieron recuerdos, versos y acordes que recordaban aquello que Pablo Milanés había aportado: una forma de entender la canción como refugio, conciencia y belleza.
Más que despedidas, se multiplicaron los agradecimientos. Porque, aunque Pablo se marchó, su obra quedó resonando como una presencia firme: una voz que, de alguna manera, aprendió a quedarse.
Las nuevas generaciones siguen descubriendo su música, reinterpretando sus letras y encontrando en ellas la misma emoción que quienes lo escucharon por primera vez en los años setenta. Su obra es atemporal porque habla de lo esencial: el amor, la libertad, la memoria, la dignidad.
Al recordarlo en esta efeméride, hacemos lo mismo que él hizo con cada una de sus canciones: nombrar el tiempo para comprenderlo mejor.



