sábado, 29 noviembre, 2025

“Tears in Heaven”: el dolor convertido en canción

En la madrugada de un marzo frío de 1991, Eric Clapton se quedó solo frente a un silencio imposible. Su hijo Conor, de apenas cuatro años, había caído desde la ventana de un apartamento en Nueva York, en el piso 53. La noticia recorrió el mundo, pero para él no hubo titulares, solo un abismo.

Durante meses, Clapton desapareció. Dejó la guitarra, los escenarios, los estudios. El hombre que había sobrevivido a la fama, las drogas y el desamor se enfrentaba ahora a una pérdida que no se podía componer. Hasta que un día, tímidamente, volvió a tocar.

De esas notas quebradas nació Tears in Heaven, una canción que no fue escrita para el público, sino para él mismo. Clapton la compuso junto al letrista Will Jennings, y la grabó primero para la banda sonora de la película Rush. Pero pronto se convirtió en algo más: una carta abierta al cielo, una conversación con un hijo ausente.

“Would you know my name, if I saw you in heaven?”
(“¿Sabrías mi nombre, si te viera en el cielo?”)

La letra no busca consuelo; busca sentido. No hay grandilocuencia ni artificio, solo la voz de un hombre que se atreve a mirar su dolor sin adornos. En cada palabra, en cada pausa, está la respiración contenida de alguien que intenta seguir viviendo.

Cuando Clapton interpretó la canción en su célebre MTV Unplugged de 1992, el público se quedó en silencio. Aquella versión acústica, sin luces ni artificios, convirtió la pena en belleza. Tears in Heaven ganó tres premios Grammy —Grabación del Año, Canción del Año y Mejor Interpretación Vocal Pop Masculina—, pero su verdadero valor nunca estuvo en los premios, sino en la honestidad.

Años más tarde, Clapton decidió dejar de tocarla. “Ya no necesito ese tipo de conexión con el dolor”, dijo. Había logrado lo más difícil: transformar la herida en paz.

Hoy, más de tres décadas después, Tears in Heaven sigue sonando como el eco de algo profundamente humano. No es solo la historia de un padre que perdió a su hijo; es la historia de cualquiera que haya tenido que aprender a vivir con la ausencia.

En ese espacio entre la tierra y el cielo, Eric Clapton encontró una forma de seguir respirando. Y nos dejó una canción que, de algún modo, nos enseña a todos a hacerlo también.

Moisés Castilla
Moisés Castillahttps://docemasuna.com/
Aficionado a la buena música, los motores potentes y las charlas eternas con amigos (preferiblemente con café o cerveza en mano). Me encanta reír —de los chistes buenos, malos y pésimos— sabiendo que el silencio también tiene su propio ritmo. Si no me encuentras, probablemente esté escuchando un disco, tocando la guitarra, mirando coches que no puedo pagar o disfrutando de un momento tranquilo lejos del mundo.

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