Iniciamos esta sección con el propósito de dar a conocer algunos aspectos relevantes de la vida de Amaro Rodríguez Felipe, más conocido como Amaro Pargo. Fue un navegante, comerciante y corsario nacido en San Cristóbal de La Laguna a finales del siglo XVII, cuya actividad se desarrolló a lo largo del siglo XVIII en el espacio atlántico entre Canarias, las costas peninsulares y América.
Escuché su nombre por primera vez hace apenas cuatro años, y por casualidad, a través de un pódcast sobre la piratería en Canarias. Habiendo leído desde joven numerosos libros sobre la Edad de Oro de la piratería en el Caribe y figuras como Barbanegra, Charles Vane, Laurens de Graaf o Henry Morgan, me sorprendió no recordar una sola mención a este personaje canario en la literatura del siglo XVIII.
Esa sorpresa despertó mi curiosidad. Como suele hacerse hoy, lo primero fue acudir a internet. Y allí empezó todo. Apareció una avalancha de anécdotas repetidas entre blogs, foros, vídeos y hasta la Wikipedia, copiadas unas de otras, presentando a un personaje legendario y fascinante. Aun así, no quedé satisfecho, y quería saber más, pues me resultó extraño que nunca se especificaran hechos contrastados sobre sus abordajes con fechas, localizaciones, ni nombres de las víctimas, como sí ocurre con otros personajes del mismo periodo.
Se decía que abordó más de ochenta barcos, que cuando apresaba a piratas berberiscos los descuartizaba uno a uno, que frente a Santa Cruz de Tenerife evitó un ataque trepando por el casco enemigo y taponando un cañón, haciéndolo estallar desde dentro. Que se ocultaba como un pargo tras una roca para emboscar a sus víctimas, de ahí su apodo, que mantuvo una relación con una monja cuyo cuerpo yace incorrupto en un sarcófago en La Laguna, que dejó un tesoro enterrado en su casa de Machado, desde donde vigilaba el mar con un catalejo desde una torre, o incluso que, en un encuentro en el Caribe, se enfrentó al mismísimo capitán Morgan, quien huyó solo con oír su nombre.
Una de las lecciones que he aprendido durante esta investigación es lo fácil que es repetir una afirmación sin pruebas. Lo complicado y difícil es desmontarlas, y tampoco esa es mi intención, sino simplemente compartir lo que he estado hallando durante mis estudios.
Otro aprendizaje sobre este viaje es que quienes investigan en profundidad se enfrentan a resistencia, porque muchas de estas leyendas se han convertido en productos con audiencia, incluso con rédito económico. Pero lo cierto es que, por mucho que se repitan, ninguno de estos episodios ocurrió.
Eso fue lo que me llevó a investigar. ¿Cómo podía haber tanto mito y tan poca evidencia? ¿Por qué no aparece en los tratados clásicos sobre piratería, ni siquiera en la obra de Daniel Defoe, donde sí figura Don Benito de Socorrás, nacido en La Habana pero descendiente de una familia originaria de La Palma, que protagonizó hechos reales en la misma etapa en la que Amaro Pargo navegaba por el Caribe?
Desde entonces, inicié una investigación centrada en fuentes primarias: archivos notariales, expedientes judiciales y correspondencia oficial, desplazándome personalmente a los fondos de Simancas, Segovia, el Archivo de Indias, la Biblioteca Nacional, Campeche y La Haya, entre otros. Poco a poco, y con la ayuda de varios historiadores (del CSIC en España, la ULL, la UNAM en México y especialistas holandeses que trabajan con los archivos de la Compañía Neerlandesa), he conseguido reconstruir con base documental gran parte de la vida marítima de Amaro Rodríguez Felipe.
Muy lejos de espadazos, abordajes o tesoros enterrados, ¿cuál fue, entonces, su relevancia histórica? ¿Por qué su nombre ha sido recuperado recientemente por creadores de contenido que lo presentan como un Robin Hood de los mares o como el corsario que defendió los intereses de la Corona con plomo y espada? ¿De dónde nace esa fama, y qué parte tiene base real?
De eso va a tratar esta sección. Con datos, documentos y contexto. Sin adornos.
Y permítanme adelantarles que la vida de Amaro Rodríguez Felipe, tal como se revela en documentos y manuscritos olvidados durante siglos en archivos dispersos, resulta incluso más fascinante que todas las leyendas que hoy circulan por las redes, y que me encantará compartir con ustedes.




«Habiendo leído desde joven numerosos libros sobre la Edad de Oro de la piratería en el Caribe y figuras como Barbanegra, Charles Vane, Laurens de Graaf o Henry Morgan, me sorprendió no recordar una sola mención a este personaje canario en la literatura del siglo XVIII»
Eso mismo me ocurrió cuando por primera vez escuché a cerca de Amaro Pargo de boca (de letra, mejor dicho) de Marco Polo. Amaro Pargo era un completo desconocido para mí hasta ese entonces.
Gracias Marco, por tu gran labor e investigación, desmintiendo bulos y sacando a la luz verdades más olvidadas e inimaginables de esta parte de la historia.