Japón eliminó el martes las últimas restricciones a la exportación de armas vigentes desde hace décadas, un cambio histórico que allana el camino a la venta de armamento al extranjero por parte de un país cuya Constitución es pacifista desde la Segunda Guerra Mundial. La medida fue anunciada por la primera ministra Sanae Takaichi y supone el mayor giro en la política de seguridad japonesa desde el fin de la guerra.
El gobierno japonés argumentó que la región enfrenta amenazas cada vez más serias. La expansión militar de China en zonas marítimas estratégicas, las continuas pruebas de misiles de Corea del Norte y el fortalecimiento militar de Rusia fueron factores clave para impulsar este cambio político. A ello se suma el contexto internacional: los aliados de Estados Unidos en Europa y Asia buscan diversificar sus proveedores de armamento, ya que los compromisos de seguridad de Washington parecen menos seguros bajo la administración Trump.
Las consecuencias geopolíticas son inmediatas. Países que van desde Polonia hasta Filipinas exploran oportunidades de adquisición, y uno de los primeros acuerdos podría ser la exportación de buques de guerra usados a Manila. Sin embargo, la medida no está exenta de polémica interna: según una encuesta de la televisión NHK realizada en marzo, el 53% de los japoneses se opone al cambio en materia de exportación de armas, y solo el 32% lo aprueba. China, por su parte, ha criticado con dureza la decisión y ha advertido de que podría incrementar la tensión en Asia. El debate sobre hasta dónde llegará el rearme japonés y qué implicaciones tendrá para la estabilidad regional acaba de comenzar.




