Durante meses, el rumor ha sido constante: Assassin’s Creed Black Flag volvería con una nueva versión. Todo apunta a que ese relanzamiento será oficial en los próximos días, a pesar del hermetismo que ha rodeado este nuevo episodio de la saga, confirmando lo que hasta ahora se movía en el terreno de la filtración. Pero junto a ese anuncio hay una historia paralela que merece ser recordada.
Y no es otra que lo que ocurrió en La Laguna a comienzos de la pasada década, coincidiendo con el lanzamiento de Assassin’s Creed IV: Black Flag: la exhumación del cuerpo de Amaro Pargo en el convento de Santo Domingo, en La Laguna (Tenerife). La intervención fue dirigida por un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid, con participación de forenses, antropólogos y especialistas en ADN. El objetivo oficial era claro: estudiar científicamente los restos del corsario canario y confirmar aspectos de su identidad, su estado físico y posibles patologías.
Sin embargo, había un elemento que iba más allá del ámbito académico: el interés por vincular el proyecto con una figura histórica española, despertando la atención del mercado hispanohablante en torno al lanzamiento. Y, en ese contexto, un corsario canario resultaba especialmente significativo.

Durante el desarrollo del juego, la implicación económica de Ubisoft respondía también a una estrategia clara: documentarse con rigor sobre figuras históricas del siglo XVIII para enriquecer el universo de Black Flag, ambientado en el Caribe de esa época. No era algo aislado. El propio juego integró personajes reales como Barbanegra (Edward Thatch), Charles Vane, Benjamin Hornigold o Calico Jack, todos ellos incorporados a la narrativa del título. En ese contexto, el interés por Amaro Pargo encajaba con naturalidad.
Y, sin embargo, ocurrió algo inesperado. A pesar de que Ubisoft llegó a publicar un vídeo sobre el estudio de Amaro Pargo y su colaboración con la UAM, el personaje nunca apareció en el videojuego. Desde entonces, la pregunta ha quedado flotando tanto entre aficionados como en círculos especializados: ¿por qué una multinacional del videojuego invertiría en la exhumación de un personaje histórico si no existía un interés narrativo detrás?
Un reciente artículo del periodista Rubén López, publicado en La Razón el 14 de abril de 2026, ha vuelto a poner el foco sobre esta cuestión. La información parte de una filtración procedente del sistema de clasificación de videojuegos de Indonesia, donde aparece Assassin’s Creed Black Flag Resynced. Pero lo relevante no es solo su existencia, sino su planteamiento. Según la descripción filtrada, no se tratará de un simple remake, sino de una versión ampliada con nuevos contenidos, personajes y tramas.
Eso cambia el escenario por completo. Ya no hablamos de una mejora técnica, sino de una reinterpretación narrativa del Caribe del siglo XVIII, un contexto en el que Amaro Pargo operó de forma documentada y sobre el que Ubisoft ya mostró un interés claro en el pasado.
Y la pregunta vuelve a surgir de forma inevitable. Si Ubisoft investigó a Amaro Pargo con un nivel de detalle que llegó hasta la exhumación de sus restos, si esta nueva versión introduce personajes inéditos y si la saga Assassin’s Creed ha demostrado una y otra vez su inclinación por integrar figuras históricas reales, ¿puede aparecer Amaro Pargo en esta nueva entrega? No hay confirmación oficial, pero es probable que en los próximos días haya más información, ya que el nivel de confidencialidad que rodea este proyecto ha sido más que evidente.
Más allá de la especulación, hay algo que sí resulta indiscutible. Ubisoft fue, en parte, responsable de despertar el interés contemporáneo por Amaro Pargo. Su implicación en aquella investigación contribuyó a sacar del anonimato a una figura que había permanecido durante siglos prácticamente olvidada. Desde entonces, nuevas investigaciones han profundizado en su actividad, incluyendo el hallazgo de su patente de corso en el Archivo General Militar de Segovia, confirmando de forma definitiva su condición de corsario al servicio de la Corona.
Hoy, Amaro Pargo ya no es un nombre marginal. Es un personaje histórico en reconstrucción. Y aunque su aparición en Black Flag Resynced no está confirmada, la puerta ya no está cerrada. Quizá no ocurra. O quizá sí. Pero lo que ya no admite discusión es que la financiación de aquel estudio en 2013 y la colaboración institucional —incluida la autorización para abrir la cripta— marcaron un punto de inflexión. El resto, quizá, esté todavía por escribirse.



