Seguro que todos nuestros lectores que pasen de los 40 años se acordarán de muchos juegos que se solían hacerse en las fiestas populares de los barrios y pueblos. Muchos de ellos hoy serían imposibles de practicar si se les aplican a los mismos las normas sanitarias o de seguridad vial. Además, es más que probable que quien los organizara necesitara contratar un seguro que ninguna compañía estaría dispuesta a asumir.
Empecemos por las “carreras de cintas”, que antiguamente se llamaban “corridas de sortijas”. Su funcionamiento era sencillo, se atraviesa una soga de lado a lado de la calle donde se han enrollado argollas unidas a una cinta. Su disposición era tal que si alguien tira de esa anilla la cinta se desprende y queda en manos de la persona que la alcanzó.

Los participantes deben pasar debajo de la soga en bicicleta, aunque al principio se hacía a caballo, y, sin parar, tienen que intentar enganchar una de las anillas con un objeto alargado que llevan en su mano. Si lo hacen bien se les premia con una cinta que se coloca atravesada en su pecho. Quien tenga más cintas cuando se acaben todas las anillas será el ganador y recibirá el premio que se haya anunciado con antelación.
A los ingleses a principios del siglo XX les llamó la atención este juego. Margaret Déste describe como en el año 1907 se organizó una en Tenerife para celebrar el cumpleaños del Emperador alemán Guillermo II.
Por último, las “carreras de cintas” se organizaban estando los participantes montados en bicicleta y corriendo a toda velocidad uno al lado del otro, con el riesgo que eso supone para los que lo practican, sus familias y los organizadores de las fiestas ante un accidente inesperado.
Otro juego de difícil encaje hoy sería el de la piñata, que antes se hacia con una talla de barro. Cuando se le daba el golpe que la rompía el barro caía en la cabeza de los chiquillos y estos se tiraban unos sobre otros a coger los juguetes sin ningún cuidado ni respeto. No era infrecuente llenar la talla de agua sucia mezclada con serrín o cualquier otra cosa similar.
También estaba uno muy practicado consistía en pegar monedas en el reverso de un sartén, que normalmente se cubría con betún. Luego se colgaba de una soga y el participante debía, con las manos a la espalda, intentar arrancar con la boca las monedas. Si lo lograba el premio solía ser la misma moneda. Si alguien no lograba hacerse con el botín le tocaba el turno a otro chico, sin cambiar la moneda ni el sartén.
Dos juegos muy divertidos en aquellos tiempos, pero totalmente antihigiénicos con criterios de este momento.
Me acuerdo con nostalgia de las carreras con una cuchara en la boca donde se había colocado un huevo. Viendo el costo de los servicios de los dentistas, no se cuantos padres están dispuestos actualmente a que sus hijos muerdan una cuchara de acero inoxidable con sus dientes y corran con un huevo en ella.

¿Eran otros tiempos o la chiquillería era más resistente?
Les dejo a ustedes la respuesta.




