miércoles, 24 junio, 2026

«La de mi hermano Amaro es la de en medio»

El mes pasado tuve la oportunidad de pasar unos días en Canarias y aproveché para desplazarme a Tenerife. Entre las visitas que tenía en mente desde hacía meses era repetir y regresar al Monasterio de Santa Catalina de Siena, en La Laguna, y saludar a las hermanas catalinas y a su priora, sor Cleofé.

En esta ocasión pude acceder a algunas dependencias del monasterio que en su momento estuvieron abiertas al público, pero cuyo museo sacro permanece cerrado desde la pandemia y el Covid. Las propias religiosas me comentaron que esperan que pueda reabrirse en el futuro, quizás tras los trabajos de restauración de la histórica rejería del coro del monasterio, obra impulsada por el Cabildo de Tenerife , tras el cual las hermanas confían en que la institución reanude el propio museo donde se conservan numerosos objetos vinculados a la historia del convento, de la Siervita e incluso de Amaro Pargo.

Nada más entrar pude ver una higuera plantada por la propia Sor María de Jesús hace más de trescientos años. La hermana que me acompañaba me comentó que cada año siguen recogiendo sus higos. Me quedé observándola unos segundos. ¿Cuántas generaciones se habrán alimentado de este árbol desde que la propia Siervita lo sembró?

Higuera plantada por la propia Sor María de Jesús hace más de trescientos años

A continuación, pude visitar la sala de oración que utilizaba la religiosa, con su cruz, su pequeño altar y el característico símbolo dominico. Allí me llamaron especialmente la atención los tablones con clavos que utilizaba como lecho de penitencia, colgados en la pared y en buen estado de conservación.

Pero al final del patio, tras una gran puerta doble de madera maciza, había otra habitación cuya entrada parecía no haberse abierto en mucho tiempo, quizás años…. La madera estaba hinchada y, después de varios intentos, una de las hermanas y yo nos miramos, contamos hasta tres y empujamos al mismo tiempo con fuerza. La puerta terminó cediendo y pasamos a la estancia. El interruptor principal permanecía bajado para evitar consumos innecesarios, por lo que el interior estaba completamente a oscuras. Sin embargo, los primeros rayos de luz que entraron por la puerta permitieron distinguir algunos objetos.

Lo primero que reconocí fue el célebre retrato de Sor María de Jesús atribuido a José Rodríguez de la Oliva (1695-1777), considerado uno de los principales retratistas de la sociedad canaria del siglo XVIII. Según la tradición, el cuadro fue realizado en 1731, el mismo año de la muerte de la religiosa, por encargo de Amaro Pargo.

Lo curioso es que no se trata de un retrato realizado en vida. Rodríguez de la Oliva recibió el encargo después de su fallecimiento y, sin embargo, los estudios dedicados a la obra destacan precisamente el extraordinario realismo con el que fue representada. El pintor era conocido por la fidelidad casi obsesiva con la que reproducía los rasgos de sus modelos, hasta el punto de que gran parte de su prestigio descansaba en esa capacidad para reflejar con exactitud la fisonomía de la persona retratada.

A pocos metros del cuadro se conservaban varias vitrinas con objetos tradicionalmente vinculados a la Siervita. Entre ellos pude reconocer el rosario atribuido a Fray Juan de Jesús, uno de los religiosos más cercanos a Sor María durante sus primeros años de vida conventual; el pequeño Niño Jesús que, según la tradición, siempre conservó junto a ella; y otras piezas que forman parte de la memoria material del convento.

Sin embargo algo llamó mi atención. Entre diversos papeles antiguos había una pequeña nota manuscrita acompañada de un sobre. Alcancé a distinguir la palabra «Amaro», pero preferí asegurarme antes de sacar conclusiones. La hermana que me acompañaba iluminó el documento con la linterna de su teléfono móvil mientras yo tomaba varias fotografías. Esa misma tarde remití las imágenes a los paleógrafos que colaboran conmigo en estas investigaciones y al día siguiente recibí la transcripción completa.

Nota manuscrita

Nota manuscrita (transcripción paleográfica)

«La llabe de contra la bentanilla abre para contra la bentanilla.

La del medio, de la misma forma.

La del lado de la pared abre contra la misma pared.

La llabe de la madre Priora es la de el coro menor; la del padre Prior es la del coro mayor; la de mi hermano Amaro es la de enmedio.

La llabe de la sinta encarnada es la del medio, y la de la amarilla es la del lado de la bentana».

Transcripción al castellano actual

«La llave situada junto a la ventana abre la ventanilla. La del medio funciona de la misma forma.

La llave situada junto a la pared abre hacia la pared.

La llave de la madre priora es la del coro menor; la del padre prior es la del coro mayor; la de mi hermano Amaro es la del centro.

La llave identificada con la cinta encarnada es la del medio, y la de la cinta amarilla es la situada junto a la ventana».

A primera vista parece una simple instrucción destinada a recordar la posición de unas llaves. Sin embargo, contiene una información que hasta ahora conocíamos principalmente por tradición: Amaro Pargo era uno de los custodios de las tres llaves necesarias para abrir el sarcófago de Sor María de Jesús. Esta nota así lo confirma.

La frase «la de mi hermano Amaro es la de en medio» parece haber sido escrita por una de sus tres hermanas profesas en el convento. Pudo tratarse de Sor María de Santa Beatriz, Sor Clara de San Juan Bautista o Sor Juana de San Vicente. Aunque por el momento no puedo atribuir la autoría con total certeza, sabemos que Sor Juana llegó a ocupar el cargo de priora del monasterio, circunstancia que la convierte en una posible candidata a la autoría.

La nota confirma además una tradición conocida desde hace años: la existencia de un sistema de tres llaves para acceder al sarcófago de la Siervita, asunto que incluso inspiró la novela El Sarcófago de las Tres Llaves, de Pompeyo Reina. Según el documento, una llave correspondía a la madre priora, otra al padre prior y una tercera a Amaro Pargo, de manera que ninguna persona podía acceder al sepulcro por sí sola.

Espero que en breve el Museo Sacro pueda volver a abrir sus puertas al público. En su interior se conserva una parte importante de la memoria material vinculada a Sor María de Jesús, a Amaro Pargo y a una de las relaciones que más curiosidad despertó entre los laguneros de la primera mitad del siglo XVIII.

Marco Polo Alonso
Marco Polo Alonsohttps://amaropargo.es/
Investigador, escritor y empresario.

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