En las Islas Canarias el fenómeno de los grabados rupestres siempre ha estado marcado por distintas teorías sobre su significado y la distribución geográfica de los mismos. Esta discusión, avalada muchas veces en intereses culturales, ha supuesto que durante varias décadas la significación del contexto en la que se realizaron estas grafías en la piedra, no tengan un avance notable en las investigaciones.
Baste decir que durante gran parte de finales del pasado siglo XX, los especialistas se centraban en islas como El Hierro, La Palma o Gran Canaria, donde la abundancia de evidencias arqueológicas era más notable, negando igualmente la distribución de estas grafías en islas como La Gomera o Tenerife, donde hoy –gracias al trabajo de los aficionados- encontramos en estas islas gran cantidad de material de estudio; en el caso de La Gomera con el yacimiento de escritura líbico-bereber más grande encontrado hasta la fecha en el archipiélago canario.
A grandes rasgos, encontramos tres importantes grupos para definir estas manifestaciones en la roca. Los geométricos, los figurativos y los alfabéticos.
Mención aparte deben ser los yacimientos que presentan recintos cultuales en los llamados “cazoletas” y “canalillos”, adscritos en muchos casos a los grabados geométricos.

Dentro de estos tipos de grabados, hay dos que siguen teniendo un espacio discutidos dentro de la arqueología canaria por su halo de falsificación; la conocida como “La Piedra de Anaga” y tal vez la más popular por la profusión mediática que se le dio en su día, “La Piedra Zanata”.
El 22 de Julio de 1886, el historiador y jurista Manuel de Ossuna descubrió durante una excursión en tierras de su propiedad en la localidad de Anaga, una pequeña piedra semitransparente de forma piramidal que mostraba en una de sus caras una especie de inscripciones extrañas, cuyos diminutos caracteres aparecían grabados con buril metálico y en una lengua desconocida.
En su libro «La inscripción de Anaga”, Manuel de Ossuna intenta identificar algunos signos del texto inscrito en la piedra comparándolos con letras de diferentes idiomas antiguos como copto, etíope, líbico, thugga, iliberis, turdetano, libio, púnico, fenicio, hebreo, árabe, rabínico, ibérico, otras lenguas africanas y también con las inscripciones de El Hierro, pero resulta ser una obra confusa y poco científica.
Aunque se ha escrito a posteriori distintas investigaciones relacionándolas con la escritura neo-púnica, en el pasado fueron objeto de estudio por parte profesor Dr. H. Schmöckel, renombrado historiador de antiguas lenguas orientales, quien destaco que «esta inscripción con toda seguridad no es fenicia ni algo parecido», pareciendo que la pretendida inscripción de Anaga es tan sólo un producto de la naturaleza o una falsificación sin valor científico.
En el caso La Piedra Zanata, es una pequeña piedra de apariencia prolongada con inscripciones de supuesto origen guanche. La piedra fue encontrada aparentemente en 1992 cerca de la denominada Montaña de las Flores, en el municipio de El Tanque (noroeste de la isla de Tenerife).
La piedra fue analizada por el fallecido Rafael Muñoz, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de La Laguna, quien determina que tiene una forma de pez, y según las investigaciones que se llevaron a cabo, en su interior aparecen caracteres tifinagh y relacionada con el mundo cultual de los guanches, datada entre los siglos V d.C y VII d.C lo que llevo a calificarla como “La piedra Rosetta de Canarias”.
La Piedra Zanata sirvió para elaborar una rocambolesca teoría del poblamiento insular según la cual habría en Canarias una presencia púnica que estableció en el archipiélago factorías con mano de obra bereber.
La tribu a la que pertenecerían los guanches de Tenerife eran, por tanto, los “Zanata o Zenete”.
La presentación fue puesta en escena por el también desaparecido Rafael González Antón, exdirector del Museo Arqueológico de Tenerife, con una urna de cristal custodiada por vigilantes jurados durante una rueda de prensa en un contexto político de corte nacionalista para las islas con el ascenso gubernativo del partido político de Coalición Canaria, pareciendo más una reafirmación interesada y apresurada del origen bereber de los guanches, que ha una minuciosa investigación científica.
La poca trasparencia por parte de las autoridades del museo para revelar el lugar y las circunstancias, junto al hecho de la aparición de personajes que aseguraron en su momento haber vendido la piedra por 75.000 pesetas a los responsables del museo arqueológico -los vendedores aseguraron que se les quedo a deber 25.000 pesetas-, hace pensar en que, si bien la roca no es un objeto falso, si pudiera estar descontextualizado, no siendo una entidad arqueológica de la isla de Tenerife sino del vecino continente africano.



