Posiblemente el drago es una de las especies vegetales con más leyendas. Los griegos creían conocer la forma en que estos fueron creados. Todo empezó en un bello lugar llamado el Jardín de las Hespérides. Allí había un manzano que otorgaba a quién se comiera sus frutos el don de la inmortalidad. El árbol estaba custodiado por un dragón de cien cabezas que nunca dormía y cuyo nombre era Ladón.
En uno de los trabajos de Hércules este se vio obligado a robar las manzanas de las Hespérides, teniendo que matar para ello al dragón. En el momento en que el semidios lo hirió de muerte su sangre cayó en la tierra cercana al Jardín de las Hespérides. Esas gotas se convirtieron en las semillas de las que nacieron los dragos. En base a ese mito los griegos y los romanos consideraban que su sabia, de color rojo, poseía poderes mágicos.
El origen de la palabra drago deriva del vocablo latino “draco”, que su a vez proviene de “drákon”, cuyo significado en griego es “serpiente”.
Canarias no ha estado alejada de esa vinculación del drago con las leyendas y posee varias propias. Quizás la mas extendida es la que se originó en torno al drago de Icod.
En esta ocasión se cuenta que hace muchos años, antes de la conquista de la isla de Tenerife por los europeos, un mercader desembarcó en las costas de Icod buscando sabia de drago, que era conocida por aquella época como “sangre de drago”. A esta sustancia se le atribuía características mágicas e incluso los indígenas canarios la usaban como cicatrizantes. En el comerciante había escuchado que por ella se pagaba muy bien en los mercados europeos.
El mercader contempló en el momento en que llegó a la costa a un grupo de jóvenes nativas bañándose en el mar. Una vez que tomó tierra empezó a perseguirlas, intentando capturarlas. Solo pudo atrapar a una, ya que las demás lograron escapar.
La cautiva ofreció al visitante los mejores frutos de la tierra, frutos que este saboreó con gran placer. Cuentan que el comerciante se creía que realmente estaba saboreando frutos del mítico Jardín de las Hespérides. Todo era una estratagema de la guanche para buscar el mejor momento para escapar.
Mientras su capturado estaba ensimismado la joven salió corriendo, buscando esconderse entre la vegetación de Icod. En cuanto el europeo se dio cuenta empezó a correr de tras de ella. La joven estaba en ese momento junto al drago de Icod.
Cuando llegó al lugar su perseguidor se llevó un gran susto cuando se encontró ante un gran árbol que blandía un montón de espadas amenazantes desde un cuerpo en forma de serpiente.
El europeo sacó su espada e intentó atacar a su oponente y clavó su espada en el tronco. Del corte empezó a manar sangre, por los que este pensó que el monstruo herido iba a salir en su persecución. Como pudo el mercader llegó a la costa y se embarcó en su buque para no volver nunca más.
Esta leyenda, como todas, tiene otra variante que cuenta que la mujer guanche logró subirse al drago. Para intentar que bajara el europeo intentó clavarle su espada, pero falló y el acero cortó el tronco del drago. Al ver la savia roja pensó que era sangre de la chica, a la que había dado muerte.
En las dos versiones el drago logra salvar de la esclavitud a la canaria.
El drago, además, es usado como prueba por los defensores de la existencia de la Atlántida. Según ellos cuando el mítico continente se hundió solo quedó fuera del mar sus montes más altos, que serían las islas que forman en la actualidad las macaronésicas; Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde. Eso explica por qué en todas esas islas hay dragos.
Por cierto, el termino macaronésica proviene del griego makarios (feliz ) y nesos (islas), por lo que puede ser traducido como «islas afortunadas».



