Hay citas que un canario no necesita mirar en el calendario. La noche del 14 al 15 de agosto, las carreteras y los caminos de Tenerife se llenan de gente que camina hacia el mismo punto: la Villa Mariana de Candelaria, donde espera la que todos conocen simplemente como La Morenita. Ayer volvió a ocurrir. Y como cada año, la fiesta fue mucho más que una procesión.
Una patrona con dos fiestas
La Virgen de la Candelaria se celebra dos veces al año, y conviene no confundirlas. El 2 de febrero responde al santoral católico, en recuerdo de la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen; de ahí vienen sus otros nombres, como la fiesta de la Luz o la fiesta de las Candelas, pues Cristo es presentado como luz que ilumina, igual que las velas o candelas de las que deriva el propio nombre de Candelaria.
La otra gran cita es el 15 de agosto, día de la Asunción de María. Es fiesta nacional en toda España, pero en Canarias tiene un sentido propio: es el día en que se honra a la Candelaria como patrona del archipiélago. No es casualidad que caiga en agosto. Los guanches celebraban en ese mes la recolección de las cosechas, una festividad conocida como Beñesmén, y muchos historiadores consideran que las fiestas del 15 de agosto son también un homenaje sincretizado a aquella antigua celebración aborigen.
Lo que ocurrió ayer en la Villa Mariana
Quien haya estado alguna vez sabe que la Candelaria de agosto tiene un guion que se repite y se respeta. Las fiestas se extienden aproximadamente del 5 al 15 de agosto, y están organizadas conjuntamente por el Ayuntamiento y la comunidad de frailes dominicos.
En la noche del 14 al 15 se celebra la célebre «Caminata a Candelaria», con gente venida de todas las islas y de fuera de ellas. Es, quizá, la estampa más reconocible: miles de personas recorriendo a pie, de madrugada, los kilómetros que las separan de la basílica. Ya en la jornada del 15, las celebraciones incluyen la recepción de tambores, la ofrenda floral, la procesión cívica con representación de la Casa Real y de los tres ejércitos, la parada militar, la eucaristía y su procesión, además de la romería como ofrenda a la Patrona.
Un detalle que muchos desconocen: la Virgen no está siempre al alcance de la vista de sus fieles. En las fechas cercanas a sus fiestas, la imagen es bajada del camarín y colocada en un lateral de la nave central de la basílica, justo debajo de la cúpula, para permanecer más cerca de sus devotos hasta que termina la celebración, momento en que regresa a su camarín.
El acto que viene del siglo XVIII: la Ceremonia Guanche
Si hay un momento que distingue a esta fiesta de cualquier otra, es la Ceremonia Guanche. Se celebra cada 14 de agosto, a las ocho de la tarde, en la plaza de la Patrona de Canarias, y es la única ocasión del año en que este rito puede contemplarse en vivo. No es un añadido moderno para turistas: las investigaciones más recientes lo sitúan hacia 1749, por lo que tendría más de 250 años de antigüedad, y fue la primera teatralización de carácter religioso-festivo de Canarias que incorporó la memoria histórica de los antiguos pobladores del archipiélago.
La ceremonia recrea el hallazgo de la imagen por los guanches antes de la conquista, y bebe de una fuente concreta. La obra que sirve de base fue escrita por fray Alonso de Espinosa, uno de los primeros volúmenes impresos sobre Canarias y considerado una de las fuentes más importantes sobre la historia del archipiélago. Hoy, ese pasado sigue atrayendo multitudes: Candelaria recibe más de dos millones de visitantes al año.
La leyenda: dos pastores, una playa y una imagen «animada»
La historia de la Candelaria está tan unida a la de Tenerife que no se entiende una sin la otra. Según la tradición recogida por fray Alonso de Espinosa en el siglo XVI, unos pastores guanches encontraron la imagen en la costa de Chimisay, en Güímar, antes de la conquista castellana. No hay acuerdo sobre el año exacto, pero la opinión mayoritaria sitúa la aparición unos 95 años antes de la conquista, es decir, en torno a las últimas décadas del siglo XIV, lo que la convierte en la primera aparición mariana de Canarias.
El relato tiene la fuerza de las buenas leyendas. Cuenta la tradición que dos pastores iban a encerrar su ganado en las cuevas cuando notaron que los animales se arremolinaban y no querían entrar; al buscar la causa, miraron hacia la desembocadura del barranco y vieron, sobre una peña casi a la orilla del mar, la figura de una mujer que creyeron viva.
Lo que vino después explica el sincretismo que define esta devoción. La imagen fue trasladada primero a Chinguaro, residencia del mencey de Güímar, y después a la cueva de Achbinicó, junto a la actual Candelaria. Más tarde, un joven llamado Antón Guanche, que había sido tomado como esclavo por los castellanos y había logrado escapar y regresar a su isla, reconoció en la imagen a la Virgen María. Los guanches llegaron a asociarla con una de sus propias divinidades, a la que llamaban «la madre del sustentador del cielo y la tierra», Chaxiraxi. Aquella fusión entre la diosa aborigen y la Virgen cristiana está en el corazón mismo de lo que hoy celebramos.
Una imagen que no es la que vieron los guanches
Conviene aclarar un punto que suele sorprender. La talla que hoy se venera en la basílica no es la original. La imagen actual es una obra de 1827, aunque su culto continúa el de aquella misteriosa figura que los guanches veneraban antes de la conquista. La primitiva, según la tradición, desapareció con el tiempo, pero la devoción sobrevivió a la propia imagen: es la fe, y no la madera, lo que ha cruzado los siglos.
Patrona de todas las islas
Que la Candelaria sea patrona de todo el archipiélago no es un título vacío, y en los últimos años se ha querido subrayar de forma expresa. Desde 2021, la presentación de las fiestas de agosto se realiza cada año en una isla diferente, precisamente porque la Candelaria es la Patrona General de Canarias y así tiene la oportunidad de estar presente en todas ellas. Un gesto que reconoce lo que la Caminata demuestra cada agosto: que a los pies de La Morenita se juntan canarios de las ocho islas.
Ayer, un año más, la Villa Mariana volvió a ser el centro de gravedad de todo un pueblo. Y mientras haya quien se eche a caminar de madrugada hacia Candelaria, esa historia que empezó en una playa de Güímar hace más de seis siglos seguirá viva.



