La ultraizquierda española, lo mismo que los invasores moros de Ceuta, tienen una especie de tic jediondo, que les hace reunirse para criar sarna, fumar porros, desprestigiar aún más la venta ambulante y hacer de la molicie una profesión. Ahora, los antisistema, con la acostumbrada ausencia de actuación de las autoridades gubernamentales, han tomado la madrileña Puerta de Sol y van a convertir el centro de la capital en un estercolero: cagadas, meadas, potas y todo lo que es capaz de producir el ser humano y, como no limpian, pues todo junto se convierte en una alfombra malvada para la salud. Ya verán que pronto aparece algún caso grave, porque como tampoco se vacunan de nada, ni se duchan, pues el riesgo aumenta. La excusa es el desahucio de una anciana, ya solucionado, pero como se ha solucionado ellos dicen que van a seguir allí, hasta que alguien sensato los desaloje como manda la ley, porque esa acampada es ilegal. Veremos lo que dice el juez o la jueza cuando reciba la denuncia de la Comunidad de Madrid, cuya sede ha sido taponada por los revoltosos, que completan su impune e insana revolución particular, sin ningún motivo aparente. España es un Estado fallido, muy probablemente, y la culpa la tiene un chulo que quiere perpetuarse en su vivienda de la Moncloa, que ganó ilegalmente su cargo en el PSOE (hizo trampas en las primarias) y probablemente también en las anteriores elecciones generales. Y que hace sus campañas electorales con el dinero de las casas de putas de su señor suegro, paz descanse. A esto ha llegado España, que tiene mala suerte con sus tres últimos presidentes: Rajoy, Zapatero y Sánchez, tres gandules, incapaces de llevar con tino el buen rumbo de un país. No es cosa de partidos, es cosa de personas. Cuando a Sánchez lo echen las urnas (aunque hay quien lo duda, porque sabe la gente que va a hacer trampas), este país entrará en un estado de enorme placidez. Sánchez ha dado a los futuros nuevos gobernantes tantos argumentos para gobernar mal que por muy mal que lo hagan jamás llegarán a su nivel. Lo de la Puerta del Sol es el estertor de los antisistema, de la izquierda radical y de los tontos, que han tenido su pequeño lugar en la historia reciente pero que muy pronto regresarán a sus chiqueros particulares o a sus mansiones, como la de Galapagar. Están buenos los Bardenes, los Almodóvares y las Anabelenes para clamar por viviendas cuando ellos tienen tantas y tan bien vividas y alquiladas. Mentecatos. Definitivamente, España ha alcanzado el cénit en la vocación de jediondos de unos pocos de sus habitantes, pero que hacen mucho ruido. ¡A ducharse!



