sábado, 3 octubre, 2026

El lagunero que terminó en un libro sobre los piratas de la Edad de Oro… y no era Amaro Pargo

«Si los británicos trataban como piratas a los españoles que capturasen, él haría lo mismo con los ingleses que cayeran en sus manos».

Vicente Alfonso del Manzano. Trinidad, Cuba, 1720.

Nacido en La Laguna en 1679.

La historia de Vicente Alfonso del Manzano apareció mientras seguíamos la pista de otro hombre: el irlandés Enrique Juan Sol de O’Kelly, conocido como Jacky o «Jaxi» en la documentación española. Todo comienza con los acontecimientos ocurridos en Cayo Cocinas, en el golfo de Honduras, durante 1715, cuando O’Kelly y los hombres que lo acompañaban terminaron enfrentándose con los ingleses dedicados al corte del palo de tinte en aquellas costas.

Nos encontramos en el gran espacio del Caribe occidental donde ingleses y españoles llevaban décadas disputándose puertos, islas, ensenadas y recursos. Más al sur se extendía la conocida Costa de los Mosquitos, nombre que incluso llegaría a la cultura popular contemporánea a través de The Mosquito Coast, la novela de Paul Theroux llevada al cine en 1986 con Harrison Ford como protagonista. Cayo Cocinas se encontraba más al norte, dentro del golfo de Honduras, en una región donde la presencia inglesa dedicada a la explotación del palo de tinte acabaría consolidándose hasta dar origen, con el tiempo, a la Honduras Británica y al actual Belice.

Volviendo a nuestro episodio, O’Kelly había sufrido un duro enfrentamiento con los ingleses de Cayo Cocinas. Ocho de sus hombres murieron y, según la documentación que ha permitido reconstruir aquellos acontecimientos, prácticamente toda su gente resultó herida. Solo uno de los tripulantes quedó en condiciones de gobernar la balandra hasta alcanzar las costas de Guatemala. Desde allí, el irlandés buscó ayuda entre los españoles y acudió a Juan Crisóstomo de Berroa, capitán de mar y guerra vinculado a la Compañía de Honduras, creada dentro del asiento concedido al marqués de Montesacro.

Berroa formaba parte de la misma expedición en la que participaba Amaro Pargo, al mando de otra de las embarcaciones armadas para aquella empresa respaldada por Felipe V. Mientras Amaro cubría la ruta entre La Guaira, Veracruz y La Habana, regresando posteriormente a Venezuela, Berroa había quedado encargado de las operaciones en las costas hondureñas, donde debía comerciar con los productos de la compañía y actuar contra quienes amenazaban los intereses de la Corona.    

O’Kelly no pertenecía a aquella compañía, pero sabía que Berroa mandaba una de las pocas embarcaciones españolas de la zona con capacidad suficiente para responder por la fuerza a los ingleses y castigar a los Baymen, los leñadores que explotaban el logwood, como se conocía en el mundo anglosajón al palo de tinte. El capitán vasco, nombrado en una Real Cédula como capitán de mar y guerra, frente a la condición de capitán de mar otorgada a Amaro Pargo, tenía sin embargo otros asuntos que atender y no consideró oportuno comprometer a sus hombres y su embarcación en una operación de represalia contra aquellos ingleses. Berroa no acudió en auxilio de O’Kelly.    

Fue al continuar siguiendo al irlandés por Jamaica, La Habana y Trinidad cuando apareció entre las declaraciones reunidas por la Inquisición el nombre de otro canario que inicialmente parecía ocupar un lugar secundario en la investigación. O’Kelly estaba siendo investigado por bigamia después de haberse casado en Guatemala con María Francisca de León, mientras desde Jamaica llegaban testimonios y documentos relacionados con otra mujer, Juana Sol, a la que se consideraba su esposa y con la que había tenido hijos. Dentro de aquella investigación fueron llamados hombres que lo habían conocido personalmente durante sus años en el Caribe.

Uno de ellos se llamaba Vicente Alfonso del Manzano.

Fuente: Archivo General de la Nación de México (AGN), Fondo Inquisición, vol. 767, exp. 40, causa contra Enrique Andrés Juan Sol de O’Kelly. Declaración y ratificación de Vicente Alfonso del Manzano.

Había nacido en San Cristóbal de La Laguna hacia 1679 y terminó estableciéndose en Trinidad de Cuba, donde fue capitán de mar, capitán de Milicias Antiguas, alcalde ordinario y alcalde mayor provincial de la Santa Hermandad. Fue además propietario de una balandra con la que navegaba a Costa Firme y que mantenía fondeada en el río Guaurabo, antiguo puerto de Trinidad. La documentación conservada sobre su familia lo relaciona también directamente con el corso.

Río Guaurabo, Trinidad, Cuba. Fuente: EcoRed

Lo que no esperábamos encontrar al seguir su nombre era que aquel lagunero hubiera protagonizado pocos años después un serio enfrentamiento con hombres enviados por Edward Vernon.

En aquellos años las autoridades británicas acusaban a los españoles de proteger a marinos procedentes de Jamaica y de permitir desde territorio cubano operaciones contra embarcaciones inglesas. Entre los hombres cuya entrega reclamaban aparecían Nicholas Brown y Christopher Winter, dos nombres conocidos en el mundo de la piratería jamaicana.

El encargado de presentar las exigencias británicas en Trinidad fue Joseph Laws, oficial de la Royal Navy y teniente del Happy. Laws dejó claro en su correspondencia que no actuaba por iniciativa propia, sino bajo las órdenes de Edward Vernon, que se encontraba entonces al frente de las fuerzas navales británicas en las Indias Occidentales. Su reclamación incluía embarcaciones, efectos, esclavos y varios súbditos británicos refugiados en territorio español. Entre ellos figuraban Nicholas Brown y Christopher Winter, a quienes los ingleses consideraban traidores y piratas.    

Nicholas Brown, “The Grand Pirate”

Nicholas Brown fue un pirata inglés activo en el Caribe que terminó pasándose al servicio español como guarda costa. Las fuentes británicas lo presentan como uno de los hombres que, tras el ciclo de Nassau y los perdones de 1717-1718, acabó refugiándose en Cuba. Desde allí actuó contra intereses ingleses y jamaicanos. En 1723, por ejemplo, se le atribuye la captura cerca de La Española de un buque negrero británico con más de 300 esclavos, que llevó a Baracoa para intentar legalizar la presa. Murió en 1726 después de ser derrotado por el cazador de piratas John Drudge, y su cabeza fue llevada a Jamaica para cobrar la recompensa ofrecida por él.

Frente a Laws se encontraban Jerónimo de Fuentes-Terreros y Girón y Vicente Alfonso del Manzano. Las autoridades de Trinidad negaron que las capturas denunciadas por los ingleses hubieran sido realizadas ilegalmente y sostuvieron que las embarcaciones apresadas habían sido sorprendidas comerciando en costas pertenecientes a la Corona española. Tampoco estaban dispuestas a entregar a los ingleses establecidos en Trinidad. Aquellos hombres se encontraban bajo la autoridad del rey de España, algunos habían abrazado voluntariamente la religión católica y, si cometían algún delito, serían juzgados conforme a las leyes españolas.    

Joseph Laws endureció entonces sus amenazas y advirtió que cualquier embarcación procedente de Trinidad que cayese en sus manos podría ser tratada como pirata. Fue entonces cuando Alfonso del Manzano respondió personalmente.

El intercambio conservado por los propios ingleses recoge una contestación difícil de olvidar: si los británicos trataban como piratas a los españoles que capturasen, él haría lo mismo con los ingleses que cayeran en sus manos. Añadía además que, si las circunstancias le obligaban a actuar como soldado, estaba preparado y disponía de hombres para hacerlo.    

La importancia de aquel enfrentamiento aumenta cuando observamos quién estaba detrás de Joseph Laws. Edward Vernon era ya un oficial experimentado de la Royal Navy. Había alcanzado el grado de capitán en 1706 y llevaba años de servicio cuando recibió responsabilidades en las Indias Occidentales, aunque todavía faltaba tiempo para que su nombre alcanzara la enorme popularidad que tendría en Gran Bretaña.

Edward Vernon

En 1739, la captura de Portobelo con apenas seis navíos convirtió a Vernon en una celebridad. Dos años después dirigiría una empresa incomparablemente mayor contra Cartagena de Indias, al frente de una enorme expedición británica destinada a conquistar una de las principales plazas españolas del Caribe. Allí se encontraría con una defensa muy inferior en número en la que desempeñó un papel fundamental Blas de Lezo. La expedición terminó sin conquistar Cartagena y aquella derrota se convertiría en uno de los acontecimientos más conocidos de la guerra del Asiento.    

Vicente Alfonso del Manzano no llegó a conocer aquel desenlace. Murió en Trinidad el 25 de enero de 1739, poco antes del comienzo de la guerra y dos años antes del ataque contra Cartagena. Casi dos décadas antes, sin embargo, uno de los oficiales enviados bajo las órdenes de Vernon ya había encontrado en Trinidad la resistencia de aquel canario.    

El episodio adquiere todavía mayor interés porque no quedó escondido únicamente entre documentos cubanos. En 1724, pocos años después de aquellos acontecimientos, apareció en Londres A General History of the Robberies and Murders of the Most Notorious Pyrates, publicada bajo el nombre de Captain Charles Johnson y tradicionalmente atribuida a Daniel Defoe, autor de Robinson Crusoe.

La primera edición de Robinson Crusoe

En las páginas de aquella obra aparecen algunos de los hombres que terminarían convirtiéndose en símbolos de la llamada edad de oro de la piratería, pero también se reprodujo la correspondencia mantenida con las autoridades españolas de Trinidad. Allí quedó impreso un apellido canario: Alfonso del Manzano.

Se dice que Danel Defoe usó el pseudónimo de Captain Charles Johnson

Resulta difícil no señalar el contraste: Amaro Pargo, pese a la enorme actividad comercial y marítima que desarrolló y a la abundancia de documentación conservada sobre él, no fue identificado en aquella célebre obra británica. Alfonso del Manzano sí apareció, y lo hizo apenas unos años después de los acontecimientos.    

La pieza que nos permitió reconstruir la identidad y buena parte de la trayectoria de aquel hombre se encuentra hoy entre las colecciones digitalizadas de la Universidad de Florida, en Estados Unidos.

University of Florida Digital Collections, colección genealógica cubana, “Alfonso del Manzano”, ficha de Vicente Alfonso del Manzano.

 El documento dice:

Vicente Alfonso del Manzano, natural de la ciudad de La Laguna, Tenerife, Islas Canarias. Fue Capitán de mar. Pasó a Trinidad en la isla de Cuba y fue Capitán de Milicias Antiguas, Alcalde Ordinario de Trinidad y Alcalde Mayor Provincial de la Santa Hermandad. Todo parece indicar que además fue Capitán de Corsarios. Fue propietario de una balandra con la que viajaba a Costa Firme y que estaba en el río Guaurabo, antiguo puerto de Trinidad.

Siendo Alcalde de Trinidad entre 1720 y 1721 y en compañía del Capitán Jerónimo de Fuentes-Terreros y Girón, Teniente Gobernador de Trinidad, rechazó la intimación del Capitán de Fragata inglés, Law, que por órdenes del Almirante Vernon se presentó en Trinidad a bordo del navío “Hoppy” acompañado de dos navíos más a reclamar ciudadanos ingleses.

 

La comparación con la documentación británica permite identificar al «Law» de la transcripción con Joseph Laws y al «Hoppy» con el Happy, citado también en las fuentes inglesas como Happy Snow. De este modo, un documento conservado hoy en Florida y un libro publicado en Londres en 1724 terminan describiendo desde lados distintos el mismo episodio.    

Lo extraordinario de Vicente Alfonso del Manzano no está solamente en los cargos que llegó a desempeñar o en su relación con el corso. Está en descubrir que un hombre nacido en San Cristóbal de La Laguna en 1679 terminó gobernando en Trinidad de Cuba y respondiendo directamente a las amenazas de un oficial enviado por Edward Vernon, cuando el futuro almirante británico comenzaba todavía a construir en el Caribe la carrera que dos décadas después lo llevaría frente a Blas de Lezo en Cartagena de Indias.

Alfonso del Manzano murió en Trinidad en 1739, antes de poder conocer aquel desenlace. Para entonces, sin embargo, su propia respuesta a los hombres de Vernon llevaba ya quince años impresa en Londres. Su apellido había cruzado el Atlántico y quedado incorporado a una de las obras más conocidas sobre la piratería del siglo XVIII.

Tal vez sea ese el detalle que mejor permita medir la dimensión de este hallazgo. Aquel capitán de mar, corsario y alcalde nacido en La Laguna no necesitó esperar tres siglos para que su nombre saliera de Cuba. Los propios ingleses se encargaron de imprimirlo en 1724. 

Marco Polo Alonso
Marco Polo Alonsohttps://amaropargo.es/
investigador, escritor y empresario, especializado en la figura del corsario canario Amaro Pargo. Ha dedicado años a reconstruir su trayectoria a partir de fuentes primarias en archivos históricos —entre ellos el Archivo General de Indias de Sevilla—, aportando hallazgos inéditos sobre su etapa en el Caribe y desmontando algunos de los mitos que rodean al personaje. Es autor de las novelas Comprar el cielo y Tela roja, y responsable del proyecto divulgativo amaropargo.es. En Página 13 firma la sección «Navegando con Amaro Pargo», donde combina rigor documental y narrativa histórica.

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