Antes de la conquista de México los indios Purépecha solían llevar las imágenes de sus dioses a la guerra como protección. Para que ese traslado fuera más cómodo decidieron fabricar esas imágenes con una técnica especial que lograba que estos fueran muy ligeros.

Su técnica consistía en formar un núcleo de hojas secas de la piña de millo con forma de esqueleto humano. Las hojas se unían unas con otras con hilos de pita. Ese armazón luego se untaba con una pasta hecha de la caña del millo que se asemejaba al barro. Después del modelado, y ya seca la pasta, aplicaban a manera de estuco una nueva capa de pasta formada por arcilla que permitía el perfeccionamiento y retoque de la imagen. Sobre la superficie estucada aplicaban, por medio de colores, el tinte de la piel y el cabello. Por último, la imagen se pulía a base de aceites secantes, como el de la nuez.
Cuando en el año 1522 llegaron los conquistadores españoles a México el líder Purépecha líder decidió ofrecer a sus hijas en matrimonio a los europeos y los llamó “Tarascos”, que en su lengua significa “yerno”. Los españoles creyeron que esa palabra designaba a los indios y empezaron a llamarlos así en vez de usar su denominación real.
A los europeos les sorprendió el fervor con el que estos empezaron a hacer imágenes de Cristo usando sus técnicas ancestrales. Las imágenes fabricadas por ellos eran muy ligeras, lo que permitía su uso en procesiones de forma muy cómoda. El cariño que estos aplicaban a su construcción asombró a la cristiandad, que veía cómo unos «infieles» habían recibido con tanto cariño «la palabra del señor».
El problema surgió cuando uno de ellos se rompió y se descubrió que en su interior se encontraban signos de adoración a sus antiguos dioses. Esa era la razón del «amor» que sentían hacia las figuras que elaboraban.
En la actualidad hay seis cristos elaborados con las técnicas de los indios tarascos en Canarias, aunque probablemente hubo muchos más. El Santísimo Cristo de la Salud, de Los Llanos de Aridane, el Cristo del Planto en la ermita del mismo nombre de Santa Cruz de La Palma, el de la Iglesia de San Marcos en Icod de los Vinos, que tiene la particularidad de ser articulado para poder separarlo de la Cruz en Semana Santa, el de Garachico, El Santísimo Cristo de la Misericordia y el Cristo de Telde.




