Esta es una de las historias más fascinantes que he podido reconstruir después de varios años de investigación, reuniendo testimonios y documentos que permanecían dispersos entre distintos archivos españoles y franceses. Las pesquisas conservadas en el Archivo General de Indias, junto con la correspondencia de las autoridades francesas de Martinica y un registro parroquial de 1715, permiten seguir los últimos meses de Pedro Tomás Pintado, un ministro de Felipe V que intentó regresar desesperadamente a España para denunciar la corrupción endémica en Venezuela y que falleció poco más de dos meses después de emprender su viaje, en territorio francés del Caribe.
La historia comienza el 8 de enero de 1715, cuando el navío Nuestra Señora de la Concepción y San Francisco Javier, conocido como el Blandón, llegó al puerto de La Guaira procedente de Cádiz. La embarcación formaba parte de la expedición comercial organizada por el marqués de Montesacro y estaba capitaneada por el navegante canario Amaro Pargo. A bordo viajaban también el sargento mayor Alberto de Bertodano, nombrado gobernador interino de Venezuela, y los ministros reales Pedro Tomás Pintado y Antonio José Álvarez de Abreu, enviados con poderes especiales para intervenir en las dependencias del comercio y de la Real Hacienda.
La compañía contaba con autorización para desembarcar y vender sus mercancías en Venezuela y continuar posteriormente hacia Veracruz transportando cacao. Sin embargo, desde los primeros días surgieron enfrentamientos entre los ministros que acompañaban al navío y las autoridades de Caracas y La Guaira, especialmente por el alcance de las facultades concedidas a los jueces reales, que comprendían el conocimiento privativo de las causas relacionadas con la embarcación y su carga.
La situación se agravó cuando las autoridades locales comenzaron a intervenir en el reconocimiento de las mercancías y a cuestionar las disposiciones que protegían la expedición. El propio gobernador Bertodano, que había realizado la travesía a bordo del navío capitaneado por Amaro, terminó enfrentado a los ministros reales después de tomar posesión del gobierno de Venezuela. Los testimonios conservados describen la difusión de rumores según los cuales Pintado y Álvarez de Abreu pretendían imponer una contribución del quince por ciento sobre las haciendas de la provincia, además de nuevos tributos a los mulatos y a distintos oficios. Aunque nunca se pudo establecer con certeza quién había introducido aquellas noticias, su propagación generó una importante hostilidad contra los representantes del rey. Las sospechas recaían sobre el segundo marqués de Mijares y el propio Alberto de Bertodano.
Los jueces llegaron a permanecer retirados durante dos o tres meses en la casa que ocupaba Tomás Cróquer de los Cameros, encomendero principal de la compañía y colaborador de Amaro Pargo. El propio Cróquer fue encarcelado durante unas horas y posteriormente quedó bajo arresto domiciliario. Amaro también sufrió restricciones y vigilancia en La Guaira, mientras Álvarez de Abreu fue sometido a guardias que controlaban sus movimientos. El conflicto había paralizado buena parte de las operaciones comerciales y amenazaba con comprometer los intereses de la expedición.
Mientras tanto, en Caracas se preparaba una iniciativa para llevar a España la versión de las autoridades locales. Diversos representantes de la élite mantuana promovieron la recaudación de fondos y el envío de un comisionado a la Corte. El elegido fue Juan de Ascanio, quien recibió papeles e instrucciones para trasladarlos al rey. Las declaraciones posteriores describen las dificultades que encontró para embarcarse y recogen que llegó a ser visto vestido de clérigo antes de abandonar Venezuela. Su itinerario habría pasado por Curazao y Ámsterdam, desde donde pretendía continuar por tierra hacia España.
Se había iniciado así una disputa por hacer llegar a Felipe V las respectivas denuncias y justificaciones. Pintado pretendía informar personalmente al monarca de los impedimentos encontrados por los ministros reales, mientras los representantes de Caracas buscaban defender las actuaciones de las autoridades locales y desacreditar las acusaciones que pudieran presentarse contra ellas.
En junio de 1715, Pintado abandonó Caracas de manera reservada, acompañado hasta la costa por el ayudante militar Juan Loreto. Su salida no pasó inadvertida. Después de regresar a la ciudad, Loreto fue perseguido y detenido. Las declaraciones recogidas en la pesquisa de Cobián describen que estuvo encarcelado en el cuerpo de guardia del gobernador, sujeto a un cepo, grillos y una cadena.
Pintado, por su parte, consiguió llegar hasta Puerto Cabello, donde se encontraba Amaro Pargo con su navío. Allí se preparó una operación que conocemos con bastante precisión gracias a los documentos conservados.
El 6 de junio, Amaro había apresado en Puerto de Chaves una balandra perteneciente al capitán Elías Cortein, llamada El Rey David, que se encontraba comerciando en aquellas costas. Apenas dos semanas después decidió utilizar esa misma embarcación para trasladar al oidor hasta Martinica, desde donde Pintado intentaría encontrar un pasaje hacia España.
El 20 de junio de 1715, Amaro firmó una orden dirigida a Blas Alonso Ramos, piloto de su navío, para que equipase El Rey David y condujese a Pedro Tomás Pintado hasta la isla francesa. La documentación permite establecer que la balandra salió de Puerto Cabello durante la noche del 21 de junio.

Amaro había preparado también una carta de presentación dirigida al gobernador de Martinica, en la que explicaba que enviaba a un ministro del rey de España para que desde aquella isla pudiera continuar viaje a la Península. Junto con esta gestión política, aprovechó la expedición para encargar la adquisición de alimentos destinados al mantenimiento de su tripulación. En sus instrucciones al piloto aparecen los nombres de Alejandro Lompre de Latuches y de monsieur Gazehete, residente en Saint-Pierre y correspondiente de Juan de Estalpaert, personas a las que Blas debía recurrir para obtener los bastimentos necesarios.
Antes de hacerse a la vela, Amaro y Pintado inspeccionaron personalmente El Rey David. El reconocimiento dejó constancia de que únicamente llevaba lastre, agua, leña, provisiones para veinte días y las pertenencias del oidor, consistentes en un cofre, una maleta y su cama. No transportaba una carga comercial destinada a Martinica.

Durante el verano de 1715, mientras Pintado intentaba encontrar una vía para regresar a España, Martinica sufrió un violento temporal. Una carta del controlador de Marina Charles Mesnier, fechada el 31 de julio, documenta que el viento comenzó durante la tarde del día 25 y se intensificó considerablemente durante la mañana del 26. En la rada de Saint-Pierre fueron arrojados a la costa dos navíos, un dogre y alrededor de veinte embarcaciones menores. El episodio quedó recogido en la correspondencia que las autoridades francesas remitieron a la metrópoli.
Las lluvias intensas y las inundaciones podían dejar aguas estancadas y favorecer la propagación de enfermedades en las regiones tropicales. En aquella época, este tipo de enfermedades se atribuía frecuentemente a los aires corrompidos o emanaciones insalubres procedentes de terrenos pantanosos. Se desconocía que determinadas enfermedades, como la malaria, eran transmitidas por la picadura de mosquitos que podían proliferar en aquellas aguas. La presencia de epidemias en Martinica durante 1715 aparece también mencionada en la documentación francesa, aunque la enfermedad concreta que afectó a Pintado no figura en su partida de entierro.
El 31 de agosto de 1715 murió en Fort-Royal, en la isla de Martinica, el oidor Pedro Tomás Pintado, en aquel contexto de insalubridad y enfermedades. Al día siguiente, 1 de septiembre, recibió sepultura en una capilla de la iglesia parroquial de Saint-Louis de Fort-Royal. El sacerdote capuchino que registró el entierro lo identificó como Dom Thomas de Pintado, natural de La Mancha, de unos cincuenta años y oidor de Castilla. La partida también señala que había recibido los sacramentos antes de fallecer.

Este registro constituye una pieza fundamental para reconstruir los últimos días del ministro español. Su muerte, mencionada posteriormente por diversos testigos en las pesquisas venezolanas, quedaba documentada en los libros parroquiales de una posesión francesa.
El 13 de septiembre de 1715, El Rey David regresó a Puerto Cabello. La balandra fue registrada por Francisco González, contramaestre de Amaro, en cumplimiento de las instrucciones que este había dejado antes de desplazarse a Caracas. La inspección confirmó la llegada de harina, bizcocho, arvejas, carne y otros alimentos adquiridos en Martinica. Pintado, sin embargo, había fallecido trece días antes.
Su muerte no significó que desaparecieran los testimonios reunidos por los ministros reales. En julio de 1716, Antonio José Álvarez de Abreu comunicó al juez encargado de investigar los acontecimientos que los autos y papeles elaborados por él y por su compañero difunto ya se encontraban, por testimonio, en el Consejo de Indias, según una comunicación de Juan de Estalpaert fechada el 21 de febrero de aquel año.
Pero había otra correspondencia que había conseguido llegar a la Corona y que resultaría decisiva para el desarrollo de los acontecimientos. En febrero de 1715, cuando comenzaron los enfrentamientos en Caracas, Amaro Pargo había redactado una extensa carta, a la que añadió una posdata fechada el 8 de marzo, dirigida al francés Jean Orry, uno de los principales responsables de las reformas administrativas y financieras de Felipe V. La remitió a Juan de Estalpaert, director de la compañía en Cádiz, con instrucciones de hacerla llegar a Orry, a quien todavía identificaba como veedor de Su Majestad.
Existe una circunstancia interesante: Jean Orry había sido apartado de sus funciones el 7 de febrero de 1715, en el contexto de los cambios políticos producidos tras la llegada de Isabel de Farnesio. La noticia de su destitución y la correspondencia que continuaba circulando desde América pudieron cruzarse durante aquellas semanas.
Lo que sí podemos acreditar es que la denuncia de Amaro llegó a conocimiento de la Corona. El propio texto de la real cédula expedida el 6 de agosto de 1715 menciona expresamente la carta presentada por el marqués de Montesacro, fechada en La Guaira el 8 de marzo de aquel año, en la que Amaro denunciaba los malos tratamientos recibidos, los obstáculos impuestos a la venta de las mercancías y las dificultades para ejercer las facultades concedidas a los ministros reales.
Felipe V decidió intervenir. Mediante aquella real cédula comisionó a Antonio de Cobián Valdés, oidor de la Real Audiencia de Santafé, para trasladarse a Venezuela e investigar los excesos denunciados. La decisión significó que las reclamaciones de Amaro Pargo habían conseguido llegar hasta el monarca y habían dado lugar a una actuación judicial contra las irregularidades atribuidas a las autoridades de Caracas y La Guaira.
Y ahí comienza otra historia en la que la justicia acabaría alcanzando a algunos de los responsables, aunque los problemas de corrupción y contrabando estaban lejos de desaparecer. El 4 de julio de 1716 tomó posesión del gobierno de Venezuela el también canario Marcos de Betancourt y Castro, cuya administración terminaría siendo objeto de graves acusaciones por favorecer el comercio ilícito, hasta su suspensión del cargo en 1720.
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Fuentes documentales principales:
Archivo General de Indias, Escribanía de Cámara, 693 A. Autos relativos a la expedición del marqués de Montesacro, declaraciones y pesquisa del oidor Antonio de Cobián Valdés.
Archivo General de Indias, Escribanía de Cámara, 693 C. Expedientes relativos a las actuaciones de Amaro Rodríguez Felipe en Puerto Cabello, apresamiento de El Rey David, instrucciones a Blas Alonso Ramos, correspondencia dirigida a Martinica y registro del retorno de la balandra.
Archivo General de Indias, Guatemala, 398, L.17. Disposiciones sobre la navegación y comercio de la compañía del marqués de Montesacro.
Archivo parroquial de Fort-Royal, Martinica. Registro de sepulturas, 1679-1717, signatura 2E10/6, asiento del 1 de septiembre de 1715.
Archives nationales d’outre-mer (ANOM), COL C8 A 20, correspondencia de Martinica. Carta de Charles Mesnier de 31 de julio de 1715 sobre el temporal de los días 25 y 26.
Carmelo Sáenz de Santamaría, «La Compañía de Comercio de Honduras, 1714-1717».



