Cuentan los sociólogos que el régimen sanchista está en caída libre. Lo estaba antes del accidente de los trenes y de las negligencias de unos y de otros. En realidad, Sánchez está ahí porque Europa quiere. Si se negaran los fondos europeos a los países incapaces de aprobar sus presupuestos se habrían ahorrado muchas tragedias. Pero Europa tampoco funciona, desde que la burocracia de Bruselas se la comió. Y, fíjense. En 2030 se celebrará en España, Portugal y Marruecos el Mundial de fútbol. Si es preciso regenerar totalmente la red de alta velocidad, imprescindible para la movilidad en la Península, España no está en condiciones de organizar el Campeonato Mundial y mucho menos la final en Madrid. Un argumento más de Infantino, presidente de FIFA, para celebrar el partido definitivo en Casablanca, tarea en la que tiene el total apoyo de Trump, porque Sánchez se lo echó de enemigo. Sánchez ha sido una desgracia para España y las consecuencias de esto que digo probablemente las empezaremos a sentir con mayor intensidad a partir del momento en que ya no esté presidiendo un Gobierno de retrasados mentales. A España no le espera un futuro muy halagüeño que digamos. Las bases para su conquista están quebradas y existen muy pocas esperanzas de que otro Gobierno de cuatro años pueda poner al país donde estuvo con Felipe González y con Aznar. Imposible. La España que empezó a caer con Rajoy y que siguió cayendo con el joyero Zapatero y con el plagiador y amoral Sánchez pasará factura a sus ciudadanos, la está pasando ya. También España es el país de Europa con mayor carga impositiva (si sumamos todos los impuestos) y el que peor trata a los ciudadanos. El único país de la Unión Europea que lleva cuatro años sin presupuestos. Tiene un Gobierno que acude al decreto porque no puede aprobar leyes en el Parlamento. Y a un presidente cercado por la corrupción, ministros y altos cargos que están en la cárcel o han pasado por ella o se encuentran a la espera de juicio. La esposa del presidente, a punto de sentarse en el banquillo. Un Tribunal Constitucional ideologizado e incapaz de cumplir sus funciones, sino que se ha convertido en un tribunal de casación del propio Tribunal Supremo. Las instituciones, colonizadas por una secta. ¿Ustedes creen que todo esto es normal? ¿Mantiene Sánchez alguna esperanza de quedarse? ¿Y los muertos de Ceuta, de Adamuz y de Urda? Sánchez no estaría ahí si Europa funcionara: un presidente que no es capaz de aprobar unos presupuestos tiene que dimitir. Sería de cajón. Pero Europa calla, con los diputados de la izquierda española de cómplices, en contra de su propio país y en beneficio de la secta socialista de Sánchez. Esto es lo que tenemos.



