miércoles, 28 octubre, 2026

Querido señor rey

Querido señor rey: Yo no soy un monárquico convencido, aunque voté que sí a la Constitución; y algunas monarquías parlamentarias funcionan. Hasta ahora, la nuestra lo ha hecho, sobre todo en aquel momento tan difícil del 23 F de 1981, cuando el rey Juan Carlos I, su padre, apareció vestido de capitán general en TVE y paró el golpe de Estado del loquinario e iluminado teniente coronel Tejero y Cía, desde el Congreso. Yo condené ese golpe de Estado, siendo director en funciones del periódico Diario de Avisos, mediante un editorial, a las pocas horas de entrar Tejero en la cámara baja. Me jugué el cogote, mientras muchos socialistas de mi isla se escondían, algunos incluso en el Teide, como cierto rector de universidad muy valiente. Todavía no tengo claras algunas actuaciones que hubo detrás de ese golpe y que nunca se revelaron. Pero esto ya es historia. Un rey, al menos en España, debe ser, entre otras cosas, un árbitro amigable y legalmente tiene limitados sus teóricos poderes en beneficio del Gobierno, aunque sea de un Gobierno de malvados, sectarios y medio locos, como es el caso. El rey nuestro, usted, majestad, parece que tiene más influencia alemana en su carácter –la de su madre, que es griega de nacimiento, pero de educación germánica— que española, por su padre, un tío campechano, bon vivant, comisionista, pero con huevos. O al menos eso creo. Yo soy más bien republicano, pero respeto la monarquía que voté y que salió adelante, paradójicamente, por decisión del dictador Franco. Los procuradores en Cortes de Franco no la querían y la mayoría del pueblo español, tampoco. De hecho, a su padre, majestad, lo llamaban Juan Carlos el Breve. La historia desmintió a los agoreros. Y ahora, una pregunta, que usted no va a leer ni a responder, claro: ¿Cómo definiría lo que ocurre hoy en España? ¿Estamos asistiendo al desmantelamiento del Estado, y con él de la monarquía, o todo se reduce a un remedo de lo que sucede en Europa y que cesará por agotamiento? ¿No le da pena de que su hija Leonor, cuya educación nos está costando tan cara, no llegue a reinar? Desde luego, yo no le puedo pedir peras al olmo. Es decir, que si vuestra majestad tiene los poderes limitados constitucionalmente, está obligado a seguir la senda de la obediencia constitucional. Pero, ¿y si el Estado ha quebrado? Yo no sé si usted entra en los medios y está enterado de lo que acontece en el país en el que reina, pero esto se está pareciendo (hablo en general, porque la sociedad no es la misma) a lo que le ocurrió a su bisabuelo, don Alfonso XIII, antes del advenimiento de la malhadada II República y de su pacto desastroso con los otros miembros del Frente Popular. Aquellos que asesinaban curas y violaban a las monjas y quemaban iglesias. No digo que vayamos a llegar a ese extremo. Este Gobierno que le manda a usted, majestad, es peligrosísimo, aunque no sea oportuno exagerar y yo no lo hago. Su actuación ante la agitación es la contraria a la de un Gobierno cabal, porque la anima en su beneficio. Y Sánchez, un sociópata, ha colonizado espuriamente las instituciones en su beneficio. Le pregunto, señor: ¿Existe constitucionalmente un resquicio para que usted los llame a la reflexión o tampoco puede disfrutar de ese privilegio? Por eso me planteo para qué lo queremos a usted, señor rey, si no nos soluciona ningún problema. España se quema, como en los tiempos de su bisabuelo. Todo habría cambiado si en vez de huir del país como un conejo, don Alfonso XIII hubiese salido a la calle con sus alabarderos a contener a la masa rabiosa, rebelada contra la ley y el orden. No se asuste, majestad, no es el caso. Ahora no podría usted hacer lo mismo. La sociedad ha cambiado, España se ha modernizado, no existen los problemas sociales de antaño (aunque vamos camino de ello), votamos una Constitución y supongo que existen otros mecanismos menos aparatosos para meter en cintura, por la vía de la autoridad moral, a quienes no cumplen con su misión como gobernantes. Pero España, majestad, parece que se extingue. Y a lo mejor es hora de hablarles y de convencerles a quienes integran esta administración abominable de que su monarquía sirve para algo. Digo yo.

Andrés Chaves
Andrés Chaves
Periodista por la EOP de la Universidad de La Laguna, licenciado y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense, ex presidente de la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife, ex vicepresidente de la FAPE, fundador de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna y su primer profesor y profesor honorífico de la Complutense. Es miembro del Instituto de Estudios Canarios y de la National Geographic Society.

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