Quiero pensar que las dimisiones de dos delegados del Gobierno claves en los sucesos que ocurren en España –el de Ceuta y el de Madrid— tienen que ver con la inevitable exigencia posterior de responsabilidades judiciales por sus actos. Ya vendrá maestro Paco con las rebajas. Aunque la segunda dimisión, la de Francisco Martín, delegado en Madrid, se haya vendido a la opinión pública por su no inclusión en las listas electorales al Congreso, una bonita forma de agradecerle los servicios prestados de su amigo Sánchez, y un seguro de aforamiento que ya no tendrá lugar. Pérez Triano, el dimitido delegado de Ceuta, cuya dejación de funciones presunta propició en gran parte la invasión marroquí, ha desaparecido. Y Francisco Martín, el amigo de Bildu, que permitió la disparatada acampada en Sol, sólo por molestar a Díaz Ayuso, porque no ha tenido ningún otro efecto práctico, o ha roto con su amigo Sánchez, por quien trabajó con ahínco en sus campañas por el poder en el partido, o le han prometido un carguito, o se lo han cargado para siempre. Aunque me parece a mí que Sánchez no está en condiciones de prometer nada, ni con la fuerza del amor. Por otra parte, la tensión que se vive en algunos lugares de España, incluidos los actos de vandalismo de Barcelona (con muchos marroquíes en las bandas callejeras violentas), es un efecto de la llamada a ocupar las calles de Sánchez y de sus secuaces. Esta situación se ha agravado tanto que se habla de agentes de Putin en las revueltas y de dinero de Irán, a través de Hamás, para su financiación. Se puede fantasear todo lo que se quiera con lo que se está viviendo, pero los hechos están ahí y son irrefutables. Existe lío interno en el PSOE por ocupar las balsas del barco que se hunde y sólo quedan maderos a los que agarrarse para no hundirse. Porque en la calle hará mucho frío después de estas elecciones, que se presumen tramposas hasta límites escandalosos. Sánchez es capaz de traicionar hasta a su mujer, por mucha camiseta que se ponga y mucho beso que le dé, porque es un amoral, un cínico y un hombre que ha llegado donde está haciendo trampas. Cuando no sea presidente se le acumularán los procesos judiciales en los que inevitablemente estará inmerso y su destino estará, probablemente, fuera de España. Supongo que prepara el terreno para su huida, porque quien ha puesto a España en este brete no merece vivir en ella. Queda poco más de un mes para las elecciones generales cuando escribo, con un presumible triunfo de la derecha en ellas. Sánchez intenta a la desesperada perjudicar al PP, hasta con el presumible futuro aliado del partido de Feijóo, Vox, porque a quien teme realmente no es a Abascal, sino al propio Feijóo. Aunque Feijóo todavía no se haya enterado. El país es un caos y eso puede favorecer –aunque no creo que mucho– al personaje sin moral que ha puesto España en almoneda. Y atención a la huelga ¡contra la oposición! del día 11. Quieren que España arda, imitando el caos del final de la República y del inicio de la guerra civil. Es la última y equivocada baza de Sánchez para arañar algunos votos de una extrema izquierda que ha perdido definitivamente el rumbo y que no sabe de historia. Qué mal le están aconsejando sus 700 asesores, o más.



