Giorgia Meloni era una chiquilla que jugaba con sus amiguitas en las playas de La Gomera, cuando vivía en esta isla canaria. Sus padres poseían el mejor restaurante de la isla colombina. Nadie iba a imaginar que, andando el tiempo, aquella niña iba a convertirse en primera ministra de Italia y líder europea indiscutible. A Meloni le han intentado incendiar Milán. Y ni se ha inmutado. Ha movilizado a la policía, a los carabinieri y a quinientos militares. Las revueltas se han acabado. Y ha dicho públicamente: “Aplicamos un principio simple: el que la hace, la paga”. Ha aprobado un decreto que permite detener a los menores alborotadores y retenerlos unas diez horas en las comisarías. Cuando se presentan sus padres a buscarlos, les informan a los progenitores de lo que han roto los niños y de cuánto les va a costar a los papás reparar lo dañado. Y a los mayores de edad, las penas por romper lo que no es suyo son cinco años de cárcel y multas de hasta 20.000 euros, además de abonar lo que han roto. Así se gobierna un país, no cagando y meando en la Puerta del Sol, estropeando a la osa y al madroño y dañando la estatua de un rey, que se me parece a Carlos III, no sé si será él u otro, ni tampoco me importa. Así se gobierna un país y no como el nuestro, en manos de idiotas, de retrasados mentales y de cobardes. Meloni también ha terminado con la inmigración ilegal. Que el Gobierno español le pida la receta. Y los italianos, por lo que parece, están muy contentos con el trabajo de aquella niña que jugaba en las playas de La Gomera con sus amiguitas canarias. Es que La Gomera imprime carácter y, si no, ahí tienen a Casimiro, que paga hasta los entierros de sus paisanos para que las muertes de los seres queridos no dañen las economías familiares. Casimiro es un crack, como lo es Meloni. Soy fan de los dos. Yo tengo admiración por Casimiro, al que llamé putero cuando aquello de Madrid –y lo era–, pero que ha sabido reaccionar a tiempo y ganarle puntos a sus críticos de entonces, que la verdad fuimos muchos. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Meloni ha acabado con las algaradas en un plis/plas, con un decreto. Este sí que es un decreto eficaz y no los dos absurdos, el Mari y el Carmen, de los Sánchez y compañía. Copiemos lo bueno. Por lo demás, estoy de acuerdo con Milei, presidente de Argentina, que visita España de manera inoportuna, que ha dicho que Sánchez es un dictador impresentable. Lo firmo debajo.



