Estoy un poco harto de que España dependa de los independentistas catalanes para ser gobernada. Precisamente, de los que no quieren mucho a España, sino que desean abandonarla. Yo estoy, repito, un poco harto de los indepes catalonios, que, cada cuarto de hora, quieren declarar a Cataluña republicana e independiente, aunque sea por un ratito. La cosa viene de atrás, desde que Companys confraternizó con los violentos para que Cataluña se saliera de España. Después, el dictador Franco lo mandó a liquidar, según dicen los estudiosos de la cosa. Fue capturado en Francia por la Gestapo, trasladado a España, y Franco, que firmaba sentencias de muerte como quien se come un bocadillo de serrano, le dio matarile al pobre Companys en el castillo de Montjuic, bajo el fuego de un pelotón de la Guardia Civil. Ocurrió en 1940 y con la Gestapo colaboró en la detención un policía franquista llamado Pedro Urraco, un sujeto de mucho cuidado, que seguía el rastro del político catalán desde hacía tiempo. No conozco bien la trayectoria de Companys, pero es contradictoria. Los catalanes se pasan la vida proclamando la República, pero sus repúblicas duran quince o veinte minutos. Luego decaen. Companys fue líder de Esquerra Republicana, como Rufián, sólo que más culto que Rufián. Era abogado y pactó con quien fuese, con tal de que sus ideas prosperaran. Me recuerda a alguien. Fue ministro de Marina, me parece que con Azaña, y creo que no tenía puta idea de las cosas del mar, porque era de tierra adentro. No es raro lo que digo porque a Romanones, cuando vino a El Hierro de ministro de jornada con Alfonso XIII, en 1906, como el barco de guerra que los trasladaba no pudo atracar en La Estaca, a causa del mal tiempo, lo desembarcó montado a la pela el alcalde de Valverde, que era una tralla. Y por ello le concedieron –y no es broma— la Gran Cruz del Mérito Naval. Pero no al edil de Valverde, sino al cojitranco ministro, que ni siquiera sabía nadar y ni se mojó los botines. Cosas de la política, que ocurren todos los días. A lo que iba: estoy harto de los independentistas catalanes, de los republicanos, de los anarquistas, de los que montan los follones en las calles y de los que apoyan y chantajean a Sánchez. Espero que toda esta tortura china se acabe el 29 de noviembre, aunque no las tengo todas conmigo porque ya se sabe de lo que es capaz Sánchez. Seguro que tiene preparada una traca final, con o sin besitos a la Bego. Ay, Dios.



