Sánchez ha dejado caer a Puente y luego ha puesto un tuit para realzar la figura del caído. Puente es otra víctima más del sanchismo: se han deshecho de quien se dice que iba a ser el heredero de Pedro. Puente ha quedado marcado para siempre, su dimisión –él la llama renuncia— no es tal, sino una defenestración en toda regla. El responsable político de los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda es ahora una viñeta de Internet, de esa herramienta que utilizó cruelmente para desacreditar a sus adversarios políticos. Anoche mismo publicaba otra, tras su vuelta a la vida normal: un chiste de Forges. Está el país para chistes, Puente. Además, desaparece de las listas al Congreso por Valladolid y probablemente del PSOE. A ver quién le da un empleíto cuando regrese a la realidad. Sánchez consultó las encuestas del fin de semana. Vio que Puente concentraba un tremendo rechazo ciudadano. Y vio también que su termómetro electoral bajaba de los 100 diputados, o sea, el ridículo. Sánchez es un esqueleto viviente y por muchos ases que tenga en la manga –que alguno tendrá–, no se espera mucho de él de aquí al 29 de este mes. Ya no le sirve ni incendiar las calles, porque el ciudadano está harto de la caricatura de país que deja atrás. España vive llena de odio y Sánchez y Zapatero (el joyero) han contribuido a él, uno con un Gobierno de chicha y nabo, corrupto, y el otro con la memoria histórica, desenterrando a los muertos de una guerra civil centenaria en el tiempo, convertido en un burdo comisionista y con la mamazón de las joyas del moro o de quien sea, porque todavía no sabemos quién le regaló a Bambi las putas joyas de más de un millón de euros. Yo tengo una teoría: estaban guardadas en el despacho del PSOE que ocupaba ZP porque Sonsoles, su mujer, no las quería en casa. A lo mejor hay un poco de decencia en una parte de esa familia. Bueno, Puente se fue, ayer Sánchez le entregó el Oscar a la mejor interpretación masculina en ese cinematógrafo de la nada que es España. Esta dimisión no les devolverá la vida a los muertos de Adamuz, ni a los de Urda. Ni los 141 muertos de Ceuta tampoco van a resucitar; están en la mochila de Sánchez. ¿Y los muertos de la ruta canaria? Pues también. Sánchez tiene su catálogo de actuación terminado, se ve incapaz de remontar una milésima, está siendo odiado por mucha más de media España. ¿Por qué no rompe la papeleta electoral y se exilia? ¿O se va con Puente a unas vacaciones perpetuas? Por fin cayó el de los trenes. Queda el de Ceuta. Bueno, y muchos más. Porque la justicia va a tener mucho trabajo.



