lunes, 6 julio, 2026

También fuimos emigrantes ilegales

Tras la guerra civil de 1936 nuestras islas se encontraron con un panorama económico y social desolador. Por un lado, las personas con ideologías de izquierda eran perseguidas y se exponían a ser apresados y en muchos casos ejecutadas. Por otro lado, la industria de pesquero entró en crisis, por lo que cientos de barcos se vieron obligados a quedar amarrados en los puertos.

De esa forma, nuestras costas se vieron llenas de veleros inactivos, sin ningún tipo de actividad económica que generara riqueza.

Muy pronto la sociedad canaria encontró un nuevo uso para esos barcos que “literalmente” se pudrían en nuestras costas: “convertirlos en barcos fantasmas” con los que emigrar de forma ilegal hacia Venezuela, saltándose con ello la prohibición que había establecido Franco de abandonar el país.

La flota pesquera canaria se destinó entonces, casi en su totalidad, al traslado de emigrantes clandestinos. Entre el año 1948 y 1952 se calcula que se subieron a esos barcos fantasmas más de 8.000 canarios.

Tal fue la presión migratoria que recibió Venezuela que el gobierno de dicho país se vio obligado a presionar al gobierno franquista para que facilitara documentación a los canarios que deseaban emigrar, cosa que se consiguió el 19 de agosto de 1950.

Antes de esa fecha fueron muchos los barcos que de forma ilegal emigraron a la tierra prometida, como fue el caso de “La Elvira”.

Su viaje empezó en la semana Santa de 1949, cuando llegaron a Fuerteventura en pequeños botes unas cien personas. Allí les esperaba “La Elvira”, una goleta con más de 90 años de antigüedad, que por 4.000 pesetas debía llevarlos a Venezuela.

En el momento de zarpar el navío fue detectado por la Guardia Civil que llegó a disparar al aire en un intento de que “La Elvira” no iniciara su viaje.

A bordo viajaban 85 hombres, 11 marineros, 10 mujeres y una niña de 4 años. Las mujeres dormían en los camarotes de popa y los hombres en la bodega. Como dato significativo se puede destacar que a bordo solo había 20 platos y 20 cucharas.

Durante el trayecto los pasajeros llegaron a comer papas podridas por la humedad y garbanzos con gorgojos y solo se podía beber un vaso de agua por persona.

La travesía duró más de un mes. Descorazonados y para no deshidratarse, ya casi nadie salía a cubierta, y los pasajeros pasaban casi todo el día en la bodega, donde sólo cabían tumbados y apretados como sardinas en lata.

Hacían sus necesidades tras unos tablones. Vomitaban unos sobre otros y pronto se llenaron de piojos.

El ácido de los vómitos y el salitre del mar desgastaron sus ropas que pronto se convirtieron en harapos. Con aquellos jirones, las mujeres hicieron compresas cuando se les presentó la regla.

Por fin al amanecer del 22 de mayo alcanzaron el puerto de Carúpano, en Venezuela, habían navegado aproximadamente 6000 kilómetros en 36 días.

El periplo de “La Elvira” es solamente un caso más de los cientos de las naves que salieron de las Islas Canarias hacia América de forma ilegal, especialmente a Venezuela, buscando una vida mejor.

¿Hemos olvidado los canarios el sufrimiento que padecieron nuestros antepasados?

Juan Carlos Saavedra Guadalupe
Juan Carlos Saavedra Guadalupehttps://juancarlossaavedra.com/
Escritor y divulgador cultural. Canal de WhatsApp: Juan Carlos Saavedra

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