La historia del Cruz del Mar es un capítulo triste de nuestro devenir como pueblo que no merece el olvido. La tragedia ocurrió el 28 de noviembre de 1978, día en que se encontraba faenando a dos millas y media de la costa africana el pesquero “Cruz del Mar”, cuya base se encontraba en Lanzarote, aunque su matricula estaba registrada en Vivero, Lugo.
Una lancha zodiac tripulada por varios hombres armados vestidos con trajes de neopreno lo abordaron y sus nueve marineros y un niño de solo 14 años fueron obligados a ponerse en fila y a arrodillarse mientras los asaltantes los ametrallaban. Sólo tres de los tripulantes salvaron su vida al arrojarse al agua. Tras ese vil asesinato los atacantes dinamitaron el barco y huyeron en sus lanchas rápidas. Un pesquero que faenaba en las proximidades recogió a los supervivientes y los aproximó al destructor de la Armada española Churruca, que los trasladó hasta Las Palmas de Gran Canaria.
Los hechos narrados ocurrieron en pleno conflicto territorial entre Marruecos y el Polisario. Este asesinato nunca fue reivindicado por ninguna de las partes en conflicto.

El ministro de Asuntos Exteriores del Polisario, Hakin Ibrahim, afirmó en la sede de Naciones Unidas que el ataque fue una maniobra del Gobierno marroquí para sabotear el clima de amistad y el establecimiento de relaciones entre el Polisario y España. Por su parte, el gobierno de Hassan II aseguraba lo contrario.
A esta incertidumbre se unió varios artículos publicados en El País por el periodista Daniel Gavela en los que decía que «Meses antes del ataque al Cruz del Mar, Madrid sabía que Marruecos estaba preparando una acción similar, pero por motivos que el periodista ignoraba, la información quedó congelada en Madrid y no fue transmitida a las autoridades de la Zona Marítima de Canarias.”
Además, hay constancia de que, en tierra, cerca del lugar del atentado, habían acantonadas unidades de las Fuerzas Armadas Reales alauís y los aviones que despegaron de la base aérea de Gando para tratar de localizar a los autores observaron cómo una columna de camiones del Ejército marroquí subía por una pista hacia El Aaiún y un vehículo llevaba en la parte alta una embarcación neumática como la que emplearon los asaltantes.
Los tres supervivientes Manuel Hernández Marrero, hermano del patrón del buque, Miguel y Eusebio Rodríguez García, identificaron en diciembre de 1978 a los atacantes, tras serles exhibidos los ficheros que la Policía Territorial tenía en los archivos del Documento Nacional del Sáhara. Del total de atacantes, unos veinte, las víctimas identificaron a seis de ellos. Estaba claro que eran del Sahara, pero nunca se supo si eran fieles a Marruecos o al Frente Polisario.

En resumen, oficialmente nunca se señaló como culpable ni al Polisario ni a Marruecos. Hoy en día todo son elucubraciones sobre la autoría de ese vil asesino.
A la tragedia vivida por los tripulantes y sus familias se le sumó que el estado español decidió catalogar el incidente como “accidente laboral” durante 30 años. Hasta el año 2011 no se les reconoció como victima del terrorismo, gracias a la aprobación de la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo, aunque su caso no encajaba en sus preceptos.
Según esa Ley para reconocer a alguien como victima del terrorismo es necesario que esta se haya visto afectada por actos cometidos por organizaciones que tengan la intención de alterar gravemente la paz pública o de coaccionar a instituciones públicas.
En el caso del “Cruz del Mar” no se ha atribuido el atentado a ninguna organización y además nunca se juzgó a sus culpables.
En Arrecife hay una calle y un monumento que busca que la tragedia del “Cruz del Mar” y los nombres de los fallecidos y de los supervivientes no se olviden. Nosotros tampoco lo haremos.
Las víctimas mortales fueron José María Hernández Marrero; Agustín Hernández Marrero, contramaestre, de 41 años, y hermano del patrón; su yerno, Rafael Salas Fernández, de 26 años, cocinero; Juan Suárez Rodríguez; Amador Hernández Marrero, 16 años, engrasador e hijo de Agustín; Alfredo Rodríguez Marrero, de 19; y el niño Sebastián Cañada García.




